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Voz de la guitarra mía Sábado, 13 de Abril de 2019 01:33 a.m.

Conociendo a Jorge Ramos y siguiendo las estrategias de comunicación del presidente López Obrador en el sainete mediático que él llama conferencias de prensa, se antojaba difícil de predecir quién salía ganando al darle acceso al periodista de Univision al espectáculo de Palacio Nacional alrededor de las siete de la mañana, y que él preguntaara lo que le saliera de su ronco pecho.

Jorge es un periodista inteligente y astuto que se inició con nosotros en Televisa y luego se consolidó con nosotros en Unvision en Estados Unidos. Aprendió a ser incisivo en las preguntas y fácilmente transitó de reportero a activista político de los hispanos en la Unión Americana, lo cual no es su demérito. Gracias a sus atributos logró notoriedad cuando los dictadores de la información, Donald Trump y Nicolás Maduro, lo mandaron sacar de los lugares donde quería hacer su ejercicio periodístico. El dictadorzuelo de Caracas no le ha devuelto a la empresa que da trabajo a Jorge los equipos ni la grabación de la entrevista abruptamente interrumpida por el entrevistado.

Antes de confesar que a mi juicio ninguno de los dos ganó, déjeseme dejar en claro que las ‘‘mañaneras’’ del presidente no son más que un instrumento de manipulación informativa establecida desde el poder. En esas peroratas del presidente se establece la agenda informativa del día. Sí, el señor Ramos mantuvo su postura –correcta– sobre el número de homicidios en México en este sexenio: alrededor de 8,000 muertos, a 2,000 cadáveres por piocha. Sí, el presidente reviró con sus propias cifras y mostró la tabla en la que se muestran “promedios diarios” de muertos en los meses referidos. Ese número, yo lo vi, anda alrededor de los 75 muertos por día. Si se multiplica por 30, las cifras de Ramos cuadran con los números del presidente.

Sí, Jorge reconoció que en ningún otro país del mundo se hace este ejercicio informativo. Sí, López insiste en que los periodistas debemos revelar las fuertes de la información. El informante de The President’s Men,  bautizado como “garganta profunda” se muere de la risa.

Jorge Ramos sigue siendo mexicano y se adapta a su país y a sus modos, aunque haya sido agresivo en sus entrevistas con Peña Nieto y otros santurrones. Con López Obrador se quedó corto. O lo dejaron corto. Con esa duda me quedo.

PILON. ¿No sería ya suficiente el tiempo en que el gobierno de Nuevo León se ha hecho ‘‘pato’’ con el tema de las tarifas de transporte urbano? No hay en la república un estado del peso y extensión del nuestro en el que agarrar un camión cueste lo que cuesta aquí. El Metro de la ciudad de México, que lleva de un extremo a otro de la capital, no cuesta la mitad de lo de un camión regio, que por lo general se necesita al menos dos de ida y dos de vuelta a la chamba.

No se vale seguir engañando así a la gente, señor gobernador.

felixcortescama@gmail.com


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