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Volver Sábado, 2 de Marzo de 2019 01:50 a.m.

Napoleón Gómez Urrutia es líder del Sindicato Único de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos, Siderúrgicos y Similares de la República Mexicana sin haber sido jamás ni trabajador, ni minero, ni siderúrgico, mucho menos metalúrgico. Vamos, ni siquiera de similar se le conoce historial alguno.

Su único mérito sindical es haber sido hijo del homónimo líder sempiterno de esa antigua administradora de recursos humanos que fueron los sindicatos afiliados al sistema: Napoleón Gómez Sada fue el mandamás del sindicato minero hasta su muerte hace 18 años.

Gómez Urrutia es también senador de la República por designación cortesía de Morena, y dicen las malas lenguas, que suelen ser las mejor informadas, que anda con mucha cuerda en la aspiración a ser el sucesor del ‘‘Bronco’’ en la gubernatura de Nuevo León cuando el actual inquilino del Palacio de Cantera se mude a otro palacete.

‘‘Napito’’, como se le llama en el bajo mundo, pasó una docena de años refugiado voluntariamente en Canadá bajo la protectora sombrilla de los sindicatos metalúrgicos canadienses. La fama pública es que existe una demanda por malversación de unos $50 millones de dólares que las empresas mineras mexicanas entregaron al sindicato para finiquitar un conflicto. Esos fondos nunca llegaron, aparentemente, a sus destinatarios originales.

Evidentemente, el todavía no senador de la república Gómez Urrutia abrigaba el temor de que, una vez pisando territorio nacional sin la protección del fuero de legislador que ahora está –dicen– en proceso de extinción alguna venganza política, personal, mafiosa, justiciera o lo que sea, le echase el guante. Durante todos esos doce años, el señor Gómez Urrutia siguió firmando como dirigente nacional del STMMSSRM los desplegados que de cuando en vez aparecían en los diarios mexicanos para fijar una postura, mostrar un apoyo o eventualmente expresar una condena. El nombre de Gómez Urrutia aparecía también firmando artículos de opinión en las páginas editoriales de un diario mexicano muy respetable.

Toda esta serie de fenómenos irregulares terminó cuando el licenciado Andrés Manuel López Obrador se encaminó con aires y esperanzas claras de triunfador a las elecciones presidenciales de julio pasado. La consecuencia de esa metamorfosis la estamos viendo ahora: el senador Gómez Urrutia como un factor importante de la política nacional mexicana. La especie que circula, sin fundamento sólido alguno, es que el hoy senador apoyó más que moralmente a la campaña presidencial de Morena.

Haya sido como fuere, lo cierto es que Napoleón Gómez Urrutia está dando muestras de su habilidad de agitador social y sindical, en una de las zonas más sensibles de la república: la frontera norte. Las disposiciones especiales de tratamiento para la franja fronteriza, establecidas por la ‘‘cuarta república’’, con la automatización del aumento del salario mínimo en un 100%, la disminución –al menos en las palabras– de los impuestos al consumo y sobre la renta y la baja por decreto de los precios en los combustibles trajeron como consecuencia un fenómeno dominó. Los sindicatos que agrupan a los trabajadores de las maquiladoras fronterizas o de empresas como Coca Cola que no tienen nada que ver con la maquila. Se subieron al tren del populismo y exigieron mejoras salariales y de remuneración especial proporcionales a los beneficios arriba mencionados.

Femsa, una de las empresas más importantes de este país, tiene entre sus divisiones la compañía ARCA, la mayor embotelladora de Coca Cola en el continente al sur del Río Bravo, tuvo que cerrar su planta embotelladora en Matamoros, Tamaulipas, por no poder hacer frente a tales exigencias. No solamente eso: dejó el sendero claro para el resto de las empresas que están siendo extorsionadas, dice el gobernador de Tamaulipas, Cabeza de Vaca, a iniciativa bajo el impulso de ‘‘Napito’’. 

La ‘‘cuarta república’’ está llegando demasiado temprano a una de las etapas más difíciles, en que el dinero no alcanza para cubrir todas las promesas y compromisos adquiridos. Más de $30,000 millones de pesos tuvieron que ser reembolsados a los empresarios que arriesgaron su capital en la instalación de una fibra indispensable para el nuevo aeropuerto de Texcoco, abruptamente cancelado merced a una “consulta” popular. Se trata del primer abono que la administración del presidente López tiene que pagar.

Con la ayuda de ‘‘Napito’’ más empresas se alejarán no solamente de nuestras fronteras sino de cuanto parque industrial quisiera ver inyecciones de capital.

Napoleón Gómez Urrutia y sus amigos han decidido volver.

felixcortescama@gmail.com


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