OpenA
icon_facebookicon_twittericon_linkedinicon_instagram
icon_busqueda
Logotipo El Horizonte
Monterrey, NL
Clima
Vivir el proceso Por: Armando Arias El momento presenteMiércoles, 30 de Diciembre de 2020 00:31 a.m.

En los ochenta, un poco más al principio de esa década, era posible vivir en nuestra ciudad con una sensación de seguridad mayor a la que hoy se vive. No era extraño que los pequeños acudieran a las escuelas caminando o en transporte público, y no es que eso sea una costumbre en desuso para muchos, sino que solía ser una práctica más generalizada incluso en los alumnos de colegios privados. Había algunos que usaban una bicicleta para trasladarse.

Aquello implicaba que los padres de familia fueran más relajados y permitieran que sus hijos jugaran en la calle o se movieran dentro de sus barrios con libertad y sin preocupación.

Era la época de los carritos de roles fabricados con baleros y madera, usando una suela de llanta para el freno, o de las rampas para las bicicletas, hechas con mezcla de cemento de las construcciones aledañas.

En los primeros años de los ochenta, alternaba las tardes de juego en el barrio con los entrenamientos del equipo representativo de Basquetbol, mismas tardes que se alargaban cuando había un torneo en puerta, sobre todo cuando se abría la competencia para conseguirse un lugar en el equipo que disputaría la copa en un torneo fuera de la ciudad.

Para aquel grupo de adolescentes de trece o catorce años era una prueba difícil y exigente, motivada por la ilusión y las ganas de vivir una aventura como la que en distintas ocasiones pudimos disfrutar en los torneos a los que acudimos como equipo.

La preparación era ardua y comenzaba con una carrera que recorría distintos puntos de la zona, y culminaba con un duro castigo emocional para el que terminaba en último sitio. Nadie quería terminar último, sobre todo porque todos buscábamos un lugar de los diez disponibles. Aquella sensación de nunca estar seguro ni saber si se era apto para integrar el equipo y ser seleccionado para acudir al viaje y disputar el torneo era agotadora.

Hoy recuerdo con nostalgia aquellas tardes, con todo y los sufrimientos físicos y emocionales que culminaron con una gran recompensa al poder ser parte de ese equipo. Además de que aquellos entrenamientos nos hicieron más capaces y mejores en lo táctico, en lo técnico, en lo físico y emocional, el proceso en si mismo representaba un reto y una experiencia inolvidables. Hoy trabajo en facilitar la búsqueda del rumbo en la vida de algunas personas, y provoco la reflexión sobre temas como la misión de vida, la vocación personal.

La pasión, la profesión y el propósito. Veo que todos estamos en búsqueda de algo que pocos saben que ya encontraron, cada uno en sus propias circunstancias. He visto como algunos incluso se sienten perdidos y pierden la esperanza porque no han encontrado aquello que buscan, incluso sin saber exactamente lo que están buscando, ni como saber cuando ya lo encontraron. Entonces entiendo que es muy fácil perderse en la búsqueda de lo que parece ser evidente y obsesionarse al buscar algo que, siendo tan importante y trascendente, debería ser extraordinario.

Me remonto entonces a las horas de estudio de la etapa pre universitaria, cuando en Ontología conocíamos sobre las cualidades del ser. El ser en cuanto tal es acto y potencia. Acto porque es y potencia porque puede ser.

No es posible dejar de apreciar lo evidente, lo que es, por estar buscando lo que puede ser. Esto no quiere decir que hay que dejar de buscar o de crecer o de aprender, pero si quiere decir que debemos ser conscientes de lo que hoy somos, que es suficiente para ser hoy y nos habilita para seguir buscando. El poder ser lo que todavía no somos demanda esfuerzo para convertirnos en una mejor versión y alcanzar algo, mejorando en actitudes y aptitudes, pero no debe despegarnos de la realidad actual, de disfrutar el proceso, a pesar del dolor del esfuerzo que el reto demanda.

El cierre del año, con base en la convención de la medición del tiempo en las sociedades, es un parteaguas que facilita el procesamiento mental de la vida. Suele convertirse en tiempo de reflexión sobre lo vivido y en hojas en blanco para escribir lo que se propone lograr en el futuro. Si uno está en la posibilidad de pensar sobre esos temas, quiere decir que tiene el privilegio de existir y de vivir. Eso nos hace suficientes, plenos, bastante para sopesar y agradecer. Ser capaces de vivir, de buscar crecer y ser mejores, supone la existencia, acaso similar a la que Descartes propuso "Cogito, ergo sum", "pienso, entonces existo" Sentirse pleno en el proceso de búsqueda es en si donde se manifiesta la felicidad que se hace patente cuando se es capaz de experimentarla y se deja la idea de que es un fin, un término.

En el diseño original no sería justo pensar que esa felicidad solo está reservada para los exitosos, porque el valor máximo es la existencia a través de la vida, y eso es per se el triunfo más simple y completo. Deseo que podamos vivir el año próximo siendo conscientes de ese privilegio y de lo que hagamos sabiendo que lo tenemos.

OpenA