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VISITÉ EL CAMPAMENTO DE FRENA EN EL ZÓCALO DE LA CDMX Por: Ignacio Gómez-Palacio La HormigaJueves, 1 de Octubre de 2020 06:17 p.m.

Unas preguntas y unas respuestas polémicas: ¿Cómo es el campamento de FRENA en la CDMX? ¿Son pocos los seguidores? ¿Está desangelado?

El pasado viernes 25 de septiembre me fui a verlo, acompañado por dos amigas. No soy miembro de FRENA, pero apoyo su postura anti AMLO, personaje lamentable, inepto y con sed de venganza. Sé que el grupo de FRENA ha sido tachado de estar integrado por católicos conservadores de la extrema derecha, que toman sus raíces en la guerra cristera, El Muro, El Yunque y similares. Es falso. El aspecto religioso no es parte de su ideario. Se acepta gente de cualquier religión, agnósticos y ateos. El único requisito es ser anti AMLO. A continuación narraré lo que vi y viví. Mi reportaje carece de pasión por uno u otro bando. No se inclina por la derecha, por la izquierda o tesis  de centro y sus derivados. Intento un reportaje imparcial y objetivo:

De inicio pasamos por la esquina de Paseo de la Reforma y Av. Juárez, donde se esta un campamento. Se observa poco movimiento. Muchos se fueron al zócalo, nos informan. Uno de los directores se dirige a un puñado de gente: ¡Aún no nos conocemos entre nosotros! No podemos confiar. Por favor regístrense en esta libreta e identifiquen su celular. Poco a poco nos surgirá la confianza. Tenemos que cuidarnos de los infiltrados. ¡Ayudarnos unos a los otros!

Caminamos hasta el zócalo. Eran las 12 del mediodía. Hicimos cola de media docena de gentes para entrar al campamento. Nos registraron, nombre y num. de celular. A ellas les pusieron un brazalete de plástico. A mi no.

A 30 mts, separados por la calle que circunvala el zócalo, policias protegían a los acampados de un puñado de 30 jóvenes apostados atrás de una rejas, sobre la acera de la Catedral Metropolitana, insulta e insulta a grito pelón, a los residentes del campamento y los que estabamos en la cola de registro. ESE DEL SACO AZÚL, ¡CHINGA TU MADRE!, ¡ACÉRCATE PARA QUE TE PARTA LA MADRE! Era la actitud de provocadores profesionales asusando a su grupo, que coreaba cada insulto. Los acampados y los recien llegados intentabamos no hacerles caso.

Una vez dentro de las rejas que encierran el campamento, me percaté que los acampados son ciudadanos cándidos e inexpertos en manifestaciones públicas. Gente con mirada de soy nuevo en esto. Ojos esperanzadores con un dejo de travesura. Ciudadanos de a deveras, intentando organizarse. En su mayoría mujeres de 50 años o mas. Resueltas. Amables. Con coraje y decisión de aprieta dientes. Todos clase media. Muchas tiendas de campaña desocupadas, pero con sarapes en el interior a ser usados por la noche. Dos o tres personas junto a sus tiendas, enfrascados en plática intensa. Ocho escusados portátiles, 6 para mujeres. En un costado una pequeña carpa de 4 por 4 mts. con la Virgen de Guadalupe y una persona con ademanes de sacerdote, dirigiéndole la palabra a 10 personas. Algunas tiendas vacías. Los policías cuidadores aburridos, con celular en mano.

Muchas tiendas de campaña ostentan letreros del Estado de donde provienen: Hidalgo, Durango, San Luis Potosí.... No vi tiendas con letrero de la CDMX, quizás porque los chilangos ahí viven y duermen en sus domicilios. Esto me hizo pensar que todos los grandes movimientos sociales ocurridos en el país han surgido en provincia. Los chilangos son apáticos y de poco esfuerzo.

La plática con varios es repetitiva: amor por México, esperanza y valentía. La mayoría de los acampados cambia cada noche. Llega gente nueva.

Ya es tarde y tenemos que regresar. Mis amigas se adelantan. Dos de los acampados se ofrecen a escoltarlas a la banqueta de la Av. Cinco de Mayo. Me he quedado rezagado. Surge el grito de los provocadores: ¡¡PUTAS PUTAS PUTAS!! Por fortuna están contenidos por la policía. A mi me mientan la madre a todo pulmón. Decía mi tía abuela: a palabras necias oidos de chicharrón.

En la noche y en casita, sabemos que valió la pena. Nuestra visita sumó. Tres gotas, pero sumó. Por dentro lloramos por México y hacemos planes para convencer a otros para que vayan. El grupo necesita toda la ayuda que podamos darles. A la mañana siguiente tomamos la decisión de ir a pernoctar con ellos. Ya reportaré.

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