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Clima
Viacrucis por una vacunaPor: Óscar Tamez Política e HistoriaViernes, 4 de Junio de 2021 02:00 a.m.

El miércoles acompañé a mi esposa para aplicarse la vacuna contra el Covid-19 en los espacios de Cintermex; aquello fue un viacrucis, cuatro horas para lograr la aplicación.

Llegamos a las 07:30 horas a las afueras de lo que fuera la Fundidora y hoy es un parque, un centro de espectáculos y mucho más, todo menos un bosque, pero esto es otra historia.

Arribamos por la calle Washington, con la novedad que el acceso hacia Cintermex y un hotel de esa zona, estaba cerrado, casi al llegar a la "y" que se forma para tomar hacia Revolución se encontraba la fila de personas interesadas en la vacuna, era para la aplicación denominada "a pie".

Luego de retornar hasta Revolución y Chapultepec, ubico el automóvil frente a Cintermex, eran las 7:30 horas, una valla impedía circular por los carriles de la derecha, ya saturados de vehículos en espera de ingresar a la aplicación tipo "drive-thru" o en el vehículo.

La ruta a esa fila implicaba rodear Cintermex, la columna formal iniciaba en el cruce de las avenidas Madero y Constitución; un trayecto que no debe superar los 4 kilómetros se volvió un viaje de tres horas, la siguiente hora, de ahí hasta salir con la añorada vacuna impuesta.

Con insólita paciencia y respeto a las formas, continuamos por el carril que conduce por la avenida Fundidora al norte hasta Madero. El reto era tomar Madero al oriente y de ahí Constitución para retornar a la avenida Fundidora, aquello se volvió una experiencia irracional.

Los regios enseñaron el cobre, las y los conductores mostraron lo más agreste de su cultura, decenas, por no expresar cientos de ellos, intentando meterse en la improvisada fila, violentando la autoridad de los sobrepasados agentes de tránsito, ignorando los conos, las cintas que formaban vallas y la conducción misma de otros automovilistas.

La ley de la selva donde los bravucones, los violentos buscan pendencia a quienes conducen conforme a las improvisadas reglas de la autoridad.

No faltaron los momentos de humor negro. Una conductora sale de la gasolinería de avenida Fundidora, casi atropella a un oficial de tránsito para meterse "a la brava" a la inmóvil fila. Su excusa es que se le había terminado la gasolina mientras esperaba avanzar, por ello buscaba recuperar su sitio.

Los gritos, alteraciones e impertinencias no le sirvieron, el estoico oficial le impidió el paso. En el tiempo de la fila comprobé que pudo ser cierta la excusa de la conductora, al menos otros tres autos sufrieron un problema similar.

Otro conductor, en ese mismo espacio, cruzaba a la gasolinería a llenar un porrón y luego regresar a mover el auto; era risible verle cruzar, llenar, cruzar, mover, cruzar, pagar, cruzar y llenar el auto para no perder el sitio en la fila.

Al tomar la calle Madero, frente a una distribuidora de llantas, un adulto regresaba con un porrón con gasolina, su crisis era ¿cómo verterla al tanque? Ahí le regalé un vaso desechable de esos de una cafetería de autoservicio. Sugerí romperlo y hacer un tipo de cono. El rostro le cambió, espero haya servido pues no volvimos a coincidir en la formación.

Más adelante se baja del auto un conductor de origen asiático, le habla a unas personas y luego de saludarse, corre con rumbo a la entrada de aplicaciones de "a pie", los amigos subieron y condujeron su auto.

Otro auto sin combustible, luego una señora baja del auto y entrega un bebé afuera de la fila.

Finalmente llegamos a la zona acordonada, descubrimos que lo lento de la movilidad era culpa de "los gandallas" quienes, al intentar meterse indebidamente retrasaban a los cumplidos.

La atención de los tránsitos fue de primera, el personal de salud de lo más amable. Luego de un piquete casi no sentido, todo termina en alegría, la satisfacción de recibir el anhelado biológico.

Un viacrucis que termina en redención.

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