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Versiones de la crisis Por: Samuel Rodríguez El Despertar de la MiradaDomingo, 29 de Marzo de 2020 09:29 a.m.

Si algo nos ofrece el mundo del arte es la posibilidad de entender la fuerza de un abismo. Así, recorrer la historia del arte o de los artistas, es atreverse a ver de frente el centro de los abismos posibles.

Cada artista tiene su visión, algunos más certera, otros más honda, algunos incluso periférica. Todos los que mencionaremos aquí, lectora, lector querido, son al menos honestos, tan honestos que casi todos ellos fueron arrasados por esas mismas fuerzas que pronunciaban en sus obras. 

Así, Thomas Mann, el mítico autor de La Montaña Mágica, nos dice que tarde o temprano nos va a ser inducido el abismo. Jaime Sabines, el poeta mexicano más leído de nuestro tiempo, dice que la única pausa posible es el erotismo y, cuando en Algo sobre la muerte del Mayor Sabines, su poema más potente, se cancela la posibilidad del erotismo, entonces entendemos algo demoledor: somos puro abismo. Dostoievski, el gran maestro ruso, tiene también un mensaje desolador: el abismo es como la piedra de Sísifo, cae continuamente sobre nosotros por las razones más enigmáticas, más vale que tengamos de donde tomarnos. Kafka, con su tremenda y demoledora concreción, nos dice, y es quizá la versión del abismo que más se ajusta al actual, que el abismo esta ahí, siempre, y nos va a romper, pero somos incapaces de comprenderlo. Edgar Allan Poe nos dice que justo donde la razón se disuelve, ahí está el inicio del abismo. Borges y Saramago se parecen más de lo que creen los críticos y las academias: Borges habla en su obra de ese abismo descomunal que se vierte contra el uno, Saramago habla de ese abismo descomunal que se vierte contra todos. Woody Allen dice que el exterior, la realidad cotidiana, es un abismo tan demoledor como los abismos metafísicos y que sólo la fuga, la evasión en sus distintas versiones nos relanzarán regenerados a la realidad. Lars Von Trier, otro magnífico cineasta, nos dice algo muy sugerente: el abismo revela nuestra debilidad y entonces es que realmente podremos ser fuertes. Bergman nos coloca al filo del abismo sólo para hacernos saber que estamos y estaremos siempre desamparados. Camus, el gran Camus, en La Peste dice que el abismo es inevitable, arrasador, incontenible, pero que choca inexplicablemente en la fraternidad entre individuos. Juan Rulfo plantea en su obra la fractura de las convivencias en medio de un páramo incomprensible y asfixiante. 

Estamos con un abismo a la vista, no me refiero a la pandemia exclusivamente, si observamos bien, llevamos mucho tiempo sometidos a un abismo que nos resulta incomprensible, no es casual, hemos desdeñado el poder del arte hasta inducirnos a nosotros mismos una tremenda ignorancia, de tal manera que cuando estamos necesitados de diagnósticos, de voces potentes y honestas, y de fuerza para la resistencia no tenemos vías confiables para llegar ahí. Estamos a expensas de los medios y de la incapacidad de las autoridades, pero también es verdad que esta crisis nos ha hecho saber que estamos faltos de veredas intelectuales para entender lo que está ocurriendo. La responsabilidad está a todas luces en las academias, que se han entregado a una vorágine comercial cuyo fin es hacer de los estudiantes unos soldados del consumo. El arte se impacta directamente contra las formas de la subordinación intelectual y nos da la posibilidad de aprender a ver el mundo, o de al menos tener la voluntad de dimensionar el abismo. No hay otro producto espiritual que nos proporcione este deseo de ejercitarnos en las crisis; sin el arte y la filosofía seremos siempre marionetas de los ineptos.

Tenemos mucho tiempo aislados, queridos lectores, sólo que ahora estamos replegados. El abismo empieza justo al abrir la puerta de nuestra casa, desde hace mucho tiempo las intuiciones de Rulfo se encarnaron, están reventadas las convivencias, las de Kafka también, no comprendemos el abismo, estamos a expensas de lo que nos digan. Si crees que este confinamiento es algo exclusivo de la pandemia, te equivocas, tenemos años confinados a un estado intelectual lamentable en el que una franquicia vale más que una persona, y en donde vamos a las universidades a aprender a operar en la realidad, no a retarla ni a reformarla, estamos confinados desde que nos dejamos moldear por el mercado.

“Cuando miras al abismo, el abismo te regresa la mirada”, F.N. No lo olvides.

Samuelr77@gmail.com

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