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Veneno de AbejaMiércoles, 1 de Mayo de 2019 04:00 a.m.

¿Quiénes en su infancia pudieron evitar sentir miedo frente algo? Cuando fuimos niñas o niños nuestros primeros retos ante la vida era confrontar miedos, todos seguro que de diferentes índoles. Si escarbamos en nuestra memoria quizás fueron miedos memorables, o aparentemente comunes, pero que definieron nuestro carácter en nuestra adolescencia y adultez.

La infancia de ahora se enfrenta a miedos que en nuestra época no existían y algunos otros que siempre han existido, hablo de al menos quienes vivimos nuestra infancia de los 90s para atrás. No es común en el presente ver niños trepar árboles, ser intrépidos en el exterior, ensuciarse hasta más no poder la ropa. Quizás no es común ser testigo y sí sucede aunque a puertas cerradas, no como antes.

Esa exploración de ser combativos en los miedos infantiles, muy de ahora, la podemos leer en el libro Veneno de abeja, una historia que aborda los traumas usuales de un niño que no quiere enfrentarse a su realidad y le tiene miedo casi a todo. El niño usa zapatos ortopédicos, frenos dentales, padece alergias y teme que lo vean. Inventa excusas para no participar en actividades de la escuela.

Contarles a las niñas y niños el complicado arte de encarar riesgos y descubrir su valentía es una de las virtudes de Veneno de abeja. El libro desde sus primeras páginas avanza a un ritmo narrativo muy ágil, inicia con la imagen poderosa de una libélula que entra por la boca del niño miedoso. Y a partir de ahí todos los sentidos de la imaginación se activan.

La libélula comenzará a hablar desde el interior del niño, quien sigue atento instrucciones para curarse de algo que ella reconoce como microcelumbiosis en el fondo del interior de su panza. Entonces ya no se podrá detener la aventura. La historia nos revela personajes de todos los tamaños y voces.

Aprender a escuchar esa voz interior que nos pertenece desde la infancia es una de las tareas más difíciles de nuestro inconsciente y cuando los miedos nos dominan nos afecta en la toma de decisiones de toda la vida. En Veneno de abeja, el niño protagonista aprende a no tenerle miedo a escuchar a esa voz, tiene en sus manos el poder de conocer por medio de su imaginación el mundo de las hormigas y las abejas, pequeños bichos con valentías enormes.

Veneno de abeja es una magnífica historia para ser contada a niñas y niños en el hogar y escuelas, pero sobre todo para ser leída por lectores de todas las generaciones. La magia de la imaginación no distingue edades. La literatura es el mejor antídoto, como el veneno de abeja, para combatir el miedo de chicos y grandes… Ese es otro gran tema.

El escritor Alfredo Núñez Lanz es editor y también autor del libro para niños Soy un dinosaurio, que habla sobre la discriminación. Ha sido becario del programa Jóvenes Creadores del FONCA y es autor de la novela El pacto de la hoguera.

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