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¿Vacunas para todos? Por: Armando Arias AmbulandoMiércoles, 20 de Enero de 2021 00:00 a.m.

En los años 70 y en los 80 había algunos restaurantes que, como parte de las costumbres en mi familia, solíamos visitar. 

Enfrente de la plaza de La Purísima había un restaurante que se llamaba Tiki y que servía hamburguesas cuya mayor cualidad eran las papas a la francesa, cortadas en zigzag. Por la calle Zaragoza existía un restaurante muy familiar que se llamaba Mérida. No recuerdo muy bien lo que servían, además del arroz con chícharos, pero si tengo la clara imagen de sus servilleteros en forma de pirámide maya, y de una pintura o retablo en la pared con el mismo tema. 

También había dos restaurantes que servían pizza. El Papis Pizza Inn y Pizza Hut, que hoy sigue vigente en el mundo. En uno de ellos las mesas eran largas, de madera, y en lugar de sillas tenían bancas largas también. Los domingos tocaba un grupo musical ataviado con chalecos a rayas rojas y blancas, con camisa blanca y pantalón negro, y con un sombrero estilo canotier como los que estaban de moda en las décadas de los 20 o 30. Algunas veces también proyectaban películas en una pantalla mientras los pequeños comíamos y disfrutábamos de una tarde, que como hasta hoy recuerdo, era siempre agradable. Algunas veces mi padre llegaba a casa con una de esas pizzas, de camarones, y la cena se hacía en familia. Recuerdo con nostalgia y con cariño como veíamos que la pizza se acababa, trozo a trozo, y a pesar de apurar el paso para alcanzar más, siempre quedábamos satisfechos. Supongo que mis padres nos veían así, con cariño, y dejaban que saciáramos primero el hambre para luego comer. 

Como aquélla, puedo contar un sinnúmero de ocasiones en las que esperaron para que sus hijos tuvieran primero lo necesario, a pesar de que en ocasiones aquello les representara una renuncia o carencia. Desde ahí, desde la casa, con el ejemplo, se fijaron los valores que en gran medida definen nuestras acciones y que transmitimos a nuestros hijos. 

Vivir en comunidad demanda de sus integrantes la conciencia y la vivencia de los valores que busquen el bien común además del individual, y que no se obstruya ninguno de los dos o se busque acceder a costa de alguno de ellos. El mundo es una gran comunidad dividida en naciones y países, con ideologías, sistemas y culturas distintas. La coexistencia sustentable demanda valores similares a los que una familia vive. Si no hay equilibrio, equidad e igualdad en el acceso a los recursos, en la vivencia de los derechos, no habrá armonía ni paz. 

Hoy no se trata de un pizza, ni de una pequeña familia. Se trata del mundo entero que ve como un nuevo recurso, esta vez artificial, que le garantiza el cumplimiento al derecho fundamental de la salud en cada uno de sus pobladores, y con ello la viabilidad económica y la subsistencia, se enfrenta a la decisión de hacer accesible ese recurso a todos por igual. Las vacunas que se administran llegan de manera desigual a los países que las requieren. Quien tiene más recursos económicos se empieza a llevar la mayor parte de las dosis disponibles y quien tiene menos, no ha tenido acceso a ellas o ha tenido unas decenas a su disposición. 

La OMS ha advertido de una crisis moral en torno al tema. Se apela a la conciencia de cada nación y país y de sus representantes, de sus gobiernos. ¿Cuál sería la manera más justa de hacer llegar estas dosis a los pobladores del planeta? No es un asunto de dinero, es un asunto de moral, de justicia, de igualdad y de equidad. Eso es necesario para que la convivencia sea viable y sustentable. El egoísmo, por otra parte, tiene un enfoque que destruye a unos para construir a otros.

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