icon_facebookicon_twittericon_linkedinicon_instagram
icon_busqueda
Logotipo El Horizonte
Monterrey, NL
Clima
Uno de orejasDomingo, 10 de Abril de 2016 08:53 a.m.
Nadie puede objetar que las mujeres son bellas de pies a cabeza, pero pensándolo bien, creo que hemos sido injustos con sus orejas.

Los poetas han llenado de alabanzas a los labios femeninos, han exaltado la tersura de sus manos, en sus dientes han visto perlas, en su pelo cascadas de erotismo y de sus ojos han hecho mil metáforas. Han llenado de excelsos adjetivos a mejillas, piernas, pómulos, cuellos y hasta mocosas narices han sido dignas de engalanar un verso. Pero las orejas, nada.

Es cierto que algunos tenemos orejas que pudiéramos usarlas para aplaudir, pero no todas son así. En un rostro femenino son imprescindibles para hacerlo bello, más cuando de ellas penden preciosas joyas que completan una constelación. Si a esto le agregamos lo importante que son para poder oír, es de justicia dedicarles unas letras.

En latín se dijo auris y de su diminutivo aurícula fue de donde, en sucesivas descomposiciones, quedó la palabra castellana oreja (aurícula > orecla > oreja). Vale comentar que, conservando la forma original latina, se nombra a las cavidades superiores del corazón como aurículas, una derecha y otra izquierda, llamadas así porque recuerdan la forma de las orejas.
 
Al no ser inspiradoras de los poetas, las orejas han tenido que conformarse con ser parte de refranes y expresiones que, aunque poco o nada románticas, guardan ciertos detalles que despiertan nuestro interés. Hurgando en el pasado, encontré un viejo refrán ya desaparecido, que rezaba: “Si tiene ovejas, aunque no tenga orejas”. Lo decían las mozas que esperaban casarse con alguien cuya fortuna les garantizara una vida holgada, sin importar lo que hubiera tenido que hacer el susodicho para alcanzar tal posición. Este inocente refrán, oculta un rasgo cultural que se vivió durante la Edad Media española:

Era costumbre en la España medieval, que cada martes la gente se reunía en la plaza principal y, ansiosa, esperaba el momento en que, quienes habían cometido algún robo, pasaban con el verdugo para que les cortara las orejas. Ese era el típico castigo para los ladrones de la época.

Podemos entender ahora que en el refrán antes dicho,  “tener ovejas” es símbolo de riqueza y “no tener orejas”, habla de que se consiguió de manera deshonesta.

Muchos años debió durar la costumbre de desorejar ladrones en este día de la semana, porque también dejó huella en el dicho: “No hay para cada martes orejas”, que así diría el ladrón que ya desorejado y reincidente, lo volvían a presentar ante el verdugo.

En el habla coloquial la oreja ha sido muy socorrida: “oreja” es un espía de poca monta, “bajar las orejas” es humillarse ante alguien, “mojar la oreja” es provocar y humillar al prójimo, un “tirón de orejas” es muy efectivo para enderezar conductas, “planchar la oreja” es dormir plácidamente y si te “zumban las orejas”, es porque alguien habla mal de ti a tus espaldas.

Ya ven, de las orejas hay refranes y muchas expresiones, pero con ausencia de romanticismo. Por eso digo que, pensándolo bien, hemos sido injustos con las orejas.
OpenA