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Una historia escrita con los piesDomingo, 6 de Octubre de 2013 02:48 a.m.
¿Qué tienen en común un peatón, un pecado, una expedición y un poyo? ¿No lo sabe?, ¡ah!, entonces no puede perderse esta historia que está escrita con los pies.

Imposible saber con exactitud cómo y cuando fue, pero desde tiempos muy remotos, antes de que existieran las lenguas griega y latina, nació la palabra *ped para hacer referencia a los pies. De ahí, en latín se dijo pedem, de donde muchos años después surgió la palabra castellana ´pie´. Al paso de los siglos, muchas voces han nacido de esta primigenia palabra, algunas demasiado obvias y otras que en verdad nos sorprenden.

De esta familia es pedestal, que es una base que sirve de pie a una estatua o a otras cosas.

También la voz pedal, y aquí no hablamos de un borrachito, eso va por otro lado, nos referimos al artefacto que se maneja con el pie para accionar algún mecanismo. En ambas voces encontramos las letras ´ped´, como también en pedicurista y pedestre.

Huellas del pie también las encontramos en peatón, que es el que camina; y también en peón, el que no alcanzó caballo en el ejército o en los ranchos y por lo tanto tiene que desplazarse “a pata”. De origen similar es pionero, que nos llegó del francés pionnier, los soldados que a pie hacían funciones de exploración.

Más escondido, el pie aparece en pecado, que en su origen significa “dar un traspié, tropezar”, así que quien se arrepiente de sus pecados, bien podría decir “me arrepiento de mis tropezones”. Es más, en la sílaba “pe” del mismo verbo tropezar también se asoma el pie, y justo de este concepto nacieron las palabras peor y pésimo, que en un principio se usaron para referirse a caballos y soldados que se vivían tropezando.

Si le parece que esto ya se va pareciendo a un ciempiés, ¡espérese!, todavía nos faltan más palabras de la familia: como expedición que es explorar caminando; expedir que es liberar, y en origen quitar las trabas para que un animal o persona pudiera caminar; similar a despejar, verbo que derivó del latín dispedicare que significaba lo mismo. En contraposición, el impedido era el que, como la cucaracha, ya no podía caminar; y para que no se nos vaya a sentir, menciono al expediente, ese conjunto de papeles y registros que contienen los elementos para “dejar caminar” a un asunto.

En griego, trápeza era una mesita de cuatro pies ligeramente inclinados hacia afuera, la palabra se compone de tetra (cuatro) y péza (pie). Por recordar esa forma, se le dijo también trapecio a la figura geométrica y al aparato gimnástico consistente en un palo soportado en dos cuerdas.

¿Y el poyo? Bueno, antes hay que aclarar que no nos referimos al tierno animalito que dice “pío, pío…”, ese es pollo. Nuestro poyo es una base de piedra u otro material que suele construirse recargado en las paredes. La palabra deriva del griego podion (de pod, otra manera de decir pie en griego), que luego en latín fue podium y ya en castellano ´podio´ o ´poyo´, para llegar al punto. Tal vez, estimado lector, ya habrá caído en cuenta que, sin querer queriendo, también hemos encontrado el origen del verbo apoyar.

Entonces, ¿qué tienen en común un peatón, un pecado, una expedición y un poyo?... Ahora ya lo sabemos, esas y muchas otras palabras son parte de una larga historia que se ha escrito con los pies.

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos

ARTURO ORTEGA MORÁN: Investigador en asuntos del lenguaje. Escritor, columnista y conductor de radio. Tiene obsesión por arrancarle secretos a las palabras para luego ir con el chisme.
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