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Una historia de pánicoDomingo, 27 de Octubre de 2013 02:03 a.m.
Dicen que para una madre no hay hijo feo, pero no fue así cuando, según la mitología griega, nació Pan, un semidiós hijo de Hermes, el dios que fungía como mensajero de las deidades helénicas. Al verlo, la madre horrorizada pidió que lo quitaran de su vista y no era para menos, el pobre Pan nació con extremidades inferiores de macho cabrío y el resto del cuerpo con apariencia de hombre. En la cabeza tenía dos cuernos, su cara arrugada y con una barbilla prominente y por si algo faltara, todo el cuerpo cubierto por una espesa capa de pelo ¡un verdadero adefesio!

Resignado, Hermes no abandonó a su engendro. Lo envolvió en una piel de liebre y lo llevó al Olimpo en donde los otros dioses, con menos prejuicios, no le hicieron el feo y lo llamaron Pan, que en griego significa “todo o de todos”, quizá como un signo de simpatía y de que estaban dispuestos a criar al horripilante bebé.

Bueno, la anterior es la versión que más me gusta, porque hay otra que pregona que en realidad fue hijo de Penélope, aquella mujer dejada por su aventurero esposo por largos años y que, ante la prolongada ausencia de Odiseo, busco consuelo con innumerables hombres, así que cuando se embarazó, ya no supo donde quedó la bolita y, al no haber en ese entonces pruebas de paternidad, decidió llamarlo Pan, como decir “hijo de todos”.

El caso es que, ya crecidito, el muchacho salió muy querendón y se la pasaba en los bosques persiguiendo damiselas y ninfas del bosque que se atravesaban en su camino. Su desenfrenado apetito sexual, le valió ser reconocido como dios de la fertilidad entre los antiguos griegos.

En sus ratos libres, mientras tomaba aire, le gustaba tocar la sirimba, un tipo de flauta ligera; y como huella de aquella afición, hoy llamamos “flauta de pan” a un instrumento musical de esas características; vale saberlo, para no pensar que el nombre es porque la flautita se hacía de harina y luego se horneaba.

Pan era una divinidad silvestre, a quien además se le atribuía un genio de los mil demonios y por eso era respetado y temido por campesinos y pastores. Cualquier evento inquietante que sucedía en los bosques, era atribuido a este semidiós y por esa razón, surgió en griego la expresión deima panikón que significa ´miedo causado por Pan´, que se abrevió en la palabra griega panikós y que, tras pasar por el latín panicus, en castellano se dijo pánico, conservando el primigenio concepto de “miedo intenso”, aunque ya no precisamente provocado por el furibundo Pan.

De pánico, en México se acuñó el verbo “apanicar”, que se hizo muy popular en el sexenio de Vicente Fox por ser parte de su folclórico léxico. A los amantes del buen hablar, el verbo les parece vulgar y evitan usarlo, a pesar de que, a mi juicio, está tan bien construido así como asustar, que viene de susto; o atemorizar, que viene de temor. En fin, ya veremos, será el uso y el tiempo los que definirán si algún día ocupará un lugar en los diccionarios.

Si alguna moraleja quisiéramos sacar a esta historia, sería pensar que si la naturaleza nos hizo feos, siempre hay la esperanza de trascender, a tal grado que podríamos convertir nuestro nombre en palabra… así como lo hizo Pan.

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos

ARTURO ORTEGA MORÁN:   Investigador en asuntos del lenguaje. Escritor, columnista y conductor   de radio. Tiene obsesión por arrancarle secretos a las palabras para   luego ir con el chisme.
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