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Una historia de atracos llena de romanticismo Por: Plácido Garza IrreverenteLunes, 20 de Julio de 2020 00:00 a.m.

Esta es una historia de amor de esas bonitas. Una donde la pasión va por encima de cualquier cosa, llámese salud, seguridad, economía, educación, diplomacia exterior y también la interior, campo, turismo, empleo, sindicalismo, pobreza, riqueza, conservadurismo, neoliberalismo, transformación, evolución y revolución.

Sin faltar los próceres revividos sin su consentimiento por las arengas ideológicas y sin siquiera de sus descendientes, como cuando el futbolista vuelto gobernador invitó al presidente a la casa de un bisnieto de Zapata y casi fueron corridos a patadas cuando los dos políticos infamaron al "Caudillo del Sur".

Les platico: El corazón da contrapunto a cualquier falla, porque es más fácil que las palabras huecas lo hagan su víctima, que al otro, el que habita –no siempre– en el envase que tenemos encima de los hombros.

Antes de que el actual régimen instaurara su poder en el Palacio Nacional, las historias sexenales eran aburridas, vacuas y predecibles: 

El pelele bobo de un sistema: Fox; el engreído por el yunque de la religión: Calderón; el mono cilindrado: EPN, y antes de ellos, los rapaces amarrados al poder mediante los incaibles de los santones de la IP y de los grupos Atlacomulco, Hidalgo y Monterrey.  

Desde un año antes del 1 de julio de 2018, la intimista historia del gobierno se volvió emocionante, pues nos trajo personajes más ricos en lo emocional, con los cuales la gente tiende a engancharse, para bien o para mal.

En eso somos obsesivos. Cueste lo cueste, nos envolvemos por todo lo alto a la pasión como Juan Escutia a la bandera y nos arrojamos al vacío con la misma heroicidad del célebre cadete.

Cuando alguien se empecina en hacer lo inesperado, conquista al pueblo, aunque no se libra de las mentadas de madre que le propinan otros. Todo sea por el rating.

"Que se enteren que lo podemos hacer y entonces, saquemos la artillería", proclama el abanderado a sus seguidores.

Y en este escenario, hay personajes que se meten tan dentro de uno, que cuando hay que despedirnos de ellos, hasta los lloramos.

Con sus propuestas de armario viejo y desvencijado por lo austero y draconiano, conquistan corazones y estómagos, más nunca cerebros. 

Y así gobiernan, para la moral eclesiástica de las vísceras. "Estamos en el momento de hacerlo, es de hecho nuestro tiempo. A darle", repiten como una letanía.

Y entonces, vuelan, buscando que ni el Dios de Spinoza los pare. En materia figurativa hacen un magnífico trabajo. "No importa que la gente no lo entienda, con que se lo figure es suficiente", se dicen.

Corren en sus afanes como si no hubiera un mañana y lo que otros (Chávez y Maduro) hicieron en 21 años, éstos quieren concretarlo en 21 meses para comérselo peladito y en la boca en junio de 2021.

Atacan al amor vinculándolo con la filosofía. La ciencia para ellos no existe pues el corazón no entiende ni razona en esas cosas.

¿Por qué se le quiere todavía? La gente se enamoró de su guion de bondad republicana y ésta eclipsa hasta ahora la maldad, la traición y los errores que esconde su pasado. 

La gente se conecta con él en sus miedos, más que con inteligencias.

Y aunque al final de cuentas algo salga bien, alguien va a salir jodido.

Como aquí hay pasión, la gente se hizo adicta al personaje y en este tema los mexicanos somos obsesivos.

¿Qué quieren? Probar que un común y corriente es capaz de hacer algo grande.

Y al verse frente al espejo todos los días a las 5:00 de la mañana, de pronto se sorprende murmurando: "Me están dando unas ganas de contarles todo, pero no, mejor me aguanto, porque capaz de que haga volar antes de tiempo al Sputnik que me cargo".

CAJÓN DE SASTRE

"A sus años, pecaba de ingenuo en sus acciones, pero de un tiempo para acá, de tacita en tacita se le va llenando el depósito al niño travieso. Tan maduro para unas cosas y tan crío para otras. Intenta controlarse pero eso está por encima de su naturaleza. Es emocional y ahí radica su extravío", dice la irreverente de mi Gaby. 

placido@detona.com

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