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Una de piratasDomingo, 22 de Mayo de 2016 01:40 a.m.
A esos personajes del mar con pata de palo, parche en el ojo y perico al hombro, que navegaban con una calavera ondeando en el palo mayor de su barco los llamamos piratas. Aunque de pronto puede confundirnos que algunos también los llamen corsarios,  bucaneros o filibusteros. Pero, ¿serán lo mismo?... bueno, que nos responda la historia.

De la arcaica raíz per ‘arriesgar, experimentar’, derivó la voz latina periculum (peligro) y  en griego se acuñó la palabra  peirates ‘aventurero’, con ella se nombró a los personajes que, al margen de  reglas y leyes, surcaban los mares en busca de víctimas para arrebatarles su riqueza, aunque muchos de ellos, haciendo honor al parentesco etimológico entre pirata y peligro, morían o quedaban incompletos en el intento. De peirates, nació en latín la voz pirata que, hasta la fecha, así sin cambios usamos en castellano.

Por otro lado, en la época de los descubrimientos en tierras americanas, los galeones españoles eran asolados por piratas que contaban con el patrocinio y protección principalmente de Inglaterra o Francia, acérrimos enemigos de España. A este permiso para ejercer la piratería contra el enemigo, se lo llamó patente de corso, como decir “permiso de corso”, en donde corso significaba ‘persecución y saqueo de naves’. Esta voz tiene raíz en el latín cursus, que significa ‘carrera’. De ahí quedó que, a los piratas que tenían patente de corso, se les llamaba corsarios. De modo que, aunque todo corsario era un pirata, no todo pirata era un corsario.

La palabra bucanero tiene una historia muy especial. Deriva de moukem, voz de la lengua tupí que se hablaba en la Isla de Santo Domingo. Era el nombre de la parrilla en la que los lugareños obtenían un tipo de carne ahumada muy apreciada por los marinos. Los franceses pronunciaron esta palabra como boucan. Por eso a quienes se dedicaban al oficio de producir dicha carne, los franceses los llamaron boucanier y de ahí en castellano bucaneros. Pasó el tiempo, el negocio de la carne vino a menos, y los bucaneros encontraron más productivo subirse a un barco y dedicarse a la piratería. Cambiaron de negocio pero no de nombre, porque se les siguió conociendo como bucaneros.

La palabra filibustero, surgió en el Siglo XVII y proviene del francés filibustier, que a su vez la tomó del neerlandés, voz formada por vrij ‘libre’ y buiter ‘saquear’; o sea que sólo es otro nombre europeo para los piratas. Vrijbuiter > filibustier > filibustero. Al respecto de esta palabra y como consecuencia de los diferentes significados que ha tomado, hay una anécdota que contó Jorge Eduardo Arellano, en cierto tiempo integrante de la Academia de la Lengua Nicaragüense:

‘‘En una sesión del Décimo Congreso de la Asociación de Academias, celebrado en Madrid,  en abril de 1994, se discutía la reordenación de los dígrafos CH y LL en el alfabeto. La doctora Elsie Alvarado de Ricord, directora de la Academia Panameña de la Lengua, con razones de peso refutaba las mociones de otros académicos. Uno de ellos, Julio Ycaza Tigerino, desesperado por el empantanamiento de la reunión, se dirigió a ella llamándola ¡Filibustera!... ¡Gulps! ¿Acaso le quiso decir saqueadora, como eran los piratas del Siglo XVII? ¿O incendiaria rebelde, que es otro significado de la palabra? Los ánimos se calmaron cuando se aclaró que don Julio usó un significado de filibustero no recogido en el diccionario, que se aplica en Estados Unidos a un grupo minoritario o a una determinada persona del cuerpo legislativo que recurre a prácticas dilatorias para atrasar, estorbar o impedir la aprobación de un proyecto de ley. Las cosas no pasaron a mayores y todo siguió en paz cuando el ilustre académico se disculpó enviando luego un ramo de flores a la ofendida dama”.

Han pasado siglos y, fuera de la historia y la literatura, ya no se habla de corsarios, ni de bucaneros, ni tampoco de filibusteros, pero los piratas siguen vigentes. Han salido del mar y se han extendido como plaga por todos los rincones. Ahora piratean música, videos o marcas comerciales. Siguen siendo aventureros que andan en busca de víctimas para arrebatarles su riqueza, en eso no han cambiado… aunque ya no traigan pata de palo, parche en el ojo ni un perico al hombro.
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