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Una carga de conciencia surreal Por: Diego Díaz Diego DíazViernes, 22 de Mayo de 2020 00:00 a.m.

Este filme no es algo que esté exactamente basado en hechos reales. La premisa es real, pero se toma muchas libertades artísticas e interpretativas. Y es precisamente lo que lo convierte en una experiencia bastante única.

Capone dirigida por Josh Trank. Nos presentan a un Alphonse Capone (Tom Hardy) de 47 años, quien, al salir de prisión, decide recluirse en su mansión en Florida mientras comienza a perder la cabeza y sus acciones pasadas comienzan a atormentarlo.

Es extraño que un largometraje pueda establecer tan bien la motivación de un personaje en las primeras escenas de manera rápida y nada pretenciosa. En dos minutos queda claro que a nuestro personaje lo mueve el dinero y la ambición.

Las tomas lucen muy bien la mayoría del tiempo. Hubo una excelente iluminación dramática, complementando el tono de las escenas, y hasta hubo buenos juegos de colores, como el uso del rojo y el dorado, en ciertas escenas, para realzar los temas de codicia y violencia.

Tiene unas excelentes transiciones y supo jugar con sus espacios y ángulos presentados. Tristemente hubo algunas escenas en las que, por la narrativa de la película, llegaba a ser confuso entender que sucedía, pero no son mayoría.

Y es que la película nos va mostrando a un Al Capone que está constantemente alucinando y en cuando llegamos a comprende esto las cosas se vuelven un poco más confusas, pero a la vez interesantes; algunas cosas cobran sentido y otras comienzan a perderlo muy rápidamente.

Uno de los principales problemas es que todas las líneas de acción que no están directamente relacionadas con Al, no solo no tienen relevancia para la historia principal, sino que aparte son confusas o simplemente no hacen sentido con el resto de la trama. Principalmente una línea con unos agentes del FBI, que vigilan a Capone, que realmente no llega a nada y no queda claro si siquiera es real.

Lo más sorprendente de la película definitivamente es Tom Hardy, quien hace un excelente trabajo. No solo cambió su voz y apariencia, realmente actúa y habla con una persona que perdió contacto con la realidad. Y es que, en sus últimos años, la capacidad mental de Al Capone se redujo a la de un niño de siete años.

Es una muy interesante y conmovedora historia que trata de meterse en la cabeza de una persona que hizo tantas atrocidades y que estuvo tan expuesto al crimen y violencia, que uno se pregunta si alguna vez sus acciones lo llegaron a atormentar. Especialmente en sus últimos días. A pesar del tema tan oscuro hubo un balance de escenas muy cómicas y otras muy perturbadoras, extrañas y tristes.

Este metraje definitivamente es uno de esos que uno simplemente tiene que ver para entender. A pesar de no ser perfecta es una propuesta muy innovadora. 7/10.

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