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Una Afinidad Inverosímil Por: Ron Rolheiser Ron RolheiserMartes, 16 de Marzo de 2021 02:00 a.m.

Una de las santas favoritas de Dorothy Day era Teresa de Lisieux, Teresa Martin, la santa que llamamos "la pequeña flor." A primera vista, esto puede parecer una afinidad extraña. Dorothy Day fue una gran activista de la justicia, protestaba en las calles, fue arrestada, fue a prisión y comenzó una comunidad y un periódico, el Trabajador Católico, al servicio de los pobres. Teresa de Lisieux era una monja contemplativa, escondida en un oscuro convento en un pequeño pueblo de Francia.

De hecho, durante toda su vida, salvo un breve viaje para visitar Roma con su familia y su parroquia, nunca abandonó su pequeño pueblo y, a su muerte, probablemente era conocida por menos de doscientas personas. Además, en sus escritos, uno encuentra muy poco que pueda considerarse explícitamente profético en términos de justicia social. Escribió como mística, con un enfoque en la vida interior y en nuestra intimidad personal con Jesús. No es exactamente el tema de las protestas en las calles. Entonces, ¿por qué Dorothy Day, cuya vida se ve tan diferente, tenía afinidad por esta joven reclusa?

Dorothy Day se sintió atraída por la espiritualidad de Teresa porque la entendió más allá del erróneo concepto popular. Entre todos los santos conocidos, Teresa de Lisieux se destaca como una de las santas más populares de todos los tiempos y como una de las santas más incomprendidas de todos los tiempos, y su popularidad es parte del problema. La devoción popular ha incrustado su persona y su espiritualidad en una piedad demasiado simplista que generalmente sirve para ocultar su profundidad real. Teresa llamó a su espiritualidad "el pequeño camino."

La piedad popular, en su mayor parte, piensa en su "pequeño camino" como una espiritualidad que nos invita a vivir una vida tranquila, humilde, sencilla, anónima en la que hacemos todo, especialmente las pequeñas tareas humildes que se nos piden, con fidelidad y bondad, modestia, como niños, agradecidos a Dios solo por estar al servicio. Si bien hay mucha verdad en esa comprensión, se pierde algo de la profundidad de la persona y la espiritualidad de Teresa.

Para entender el "pequeño camino" de Teresa y su conexión con la justicia para los pobres, necesitamos comprender ciertas cosas en su vida que ayudaron a constelar la visión que había detrás de su "pequeño camino."

Teresa de Lisieux tuvo una infancia muy compleja. Por un lado, su vida estuvo conmovida por una profunda tristeza, entre ellas la muerte de su madre cuando Teresa tenía cuatro años y varios episodios de depresión clínica por los que estuvo a punto de morir.

Ella no tuvo un caminar fácil por la infancia. Por otro lado, tuvo una infancia excepcionalmente agraciada. Creció en una familia de santos que la amaban profundamente y honraban (y a menudo fotografiaban) todos sus gozos y dolores. También era una joven hermosa, atractiva y agraciada con una calidez y una sensibilidad desarmadoras. Su familia y todos los que la rodeaban la consideraban especial y preciosa. Ella fue muy amada; mas esto no la convirtió en una niña mimada. Nunca podemos ser malcriados por ser amados demasiado, solo por ser amados mal. Su familia la amaba puramente, y el resultado fue una joven que abrió su corazón y su persona al mundo de una manera excepcional.

 Además, a medida que maduraba, empezó a notar algo. Se dio cuenta de que cuando era niña notaba, valoraba y honraba cada lágrima, pero que este no era el caso de muchas otras personas. Reconoció que innumerables personas sufren angustias e injusticias, soportan abusos, son humilladas, viven con vergüenza y derraman lágrimas que nadie nota y que a nadie le importa. Su dolor no se ve, no se honra, no se valora. A partir de esta idea, articuló esta metáfora fundamental que sustenta su "pequeño camino."

Sus palabras: Un domingo, mirando una imagen de Nuestro Señor en la Cruz, me llamó la atención la sangre que brotaba de una de sus manos divinas. Sentí una punzada de gran dolor al pensar que esta sangre caía al suelo sin que nadie se apresurara a recogerla. Estaba resuelta a permanecer en espíritu al pie de la Cruz y recibir su rocío. ... No quiero que se pierda esta preciosa sangre. Pasaré mi vida recogiéndola por el bien de las almas.

A partir de esto, vemos que su "pequeño camino" no se trata de una piedad privatizada, sino de darse cuenta y responder al dolor y las lágrimas de nuestro mundo. Metafóricamente, se trata de notar y "recoger" la sangre que gotea del rostro sufriente de Cristo que este rostro está sufriendo actualmente en nuestro mundo en los rostros de los pobres, los rostros de los que sangran y derraman lágrimas a causa de angustia, injusticia, pobreza, falta de amor y falta de ser considerados preciosos.

Dorothy Day caminó por las calles de los pobres, notando su sangre, secándoles sus lágrimas, tratando a su manera de recogerla. Teresa hizo lo mismo místicamente, en lo más profundo del cuerpo de Cristo. No es de extrañar que Dorothy Day la tomara como su santa patrona.

Ron Rolheiser. OMI

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