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Monterrey, NL
Clima
¿Un soldado en cada hijo te dio? Sábado, 16 de Marzo de 2019 01:18 a.m.

A nueve años de distancia, el Estado mexicano pedirá el martes en Monterrey perdón, que es lo único que puede pedir, por la muerte de dos estudiantes de excelencia del Instituto Tecnológico de esa ciudad, que en la madrugada del 19 de marzo de 2010 estaban en la poco usada entrada del suroeste del principal campus de esa institución. Iban, o venían, de la biblioteca de su escuela para estudiar sus materias de un grado más alto del que ya tenían.

Javier Francisco Arredondo Verdugo, de 24 años, y Jorge Antonio Mercado Alonso de 23, murieron en una balacera protagonizada por efectivos del Ejército Mexicano. La primera versión hablaba de un tiroteo con civiles que portaban supuestamente armas de alto calibre. Muy pronto las fuerzas armadas reconocieron que se habría tratado de una confusión y que los estudiantes habían sido tomados por sicarios, en una temporada de altísima violencia en Nuevo León.

La ceremonia del martes estará encabezada por la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero, el subsecretario Alejandro Encinas, el presidente de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Luis González, un representante de la Defensa y directivos de la institución educativa.

Por más intensa que sea la eulogia que el Estado pronucie el martes, todo aquel que tenga la dicha de ser padre sabe lo insuficiente que es el mayor de los elogios ante la pérdida del hijo elogiado. 

De manera simultánea se ha aprobado masivamente la creación de la Guardia Nacional que pretende ordenar de alguna forma la participación de las fuerzas armadas en el mantenimiento de la seguridad pública de nuestras calles, dada la incapacidad de nuestras Policías para hacerlo. Al mismo tiempo, se ha puesto al descubierto que uno de los 43 desaparecidos de la normal de Ayotzinapa era un militar en activo, infiltrado como estudiante en la escuela de maestros para proporcionar información al Ejército sobre la conducta de los estudiantes. Un espía, vamos, cuyos padres han estado en las marchas y manifestaciones que acusan al gobierno de haber desaparecido a sus hijos.

No hay en apariencia relación alguna entre una ceremonia y unos actos jurídicos. Sin embargo, subyace aquí la arena movediza sobre la que han estado naufragando los mandos militares al carecer de un estatuto de defina precisamente los que sí y que no los soldados pueden hacer en las madrugadas, y en las calles, y en las universidades, y en las calles y en los campos.

Los estudiantes muertos no revivirán. Es muy difícil que los desaparecidos de Ayotzinapa regresen del otro mundo. Sólo nos queda esperar que las nuevas reglas del juego hagan que éste sea más limpio y transparente.

PILÓN. El sainete armado por una supuesta guerra sucia del pasado en contra del hoy presidente López Obrador es una más de las sospechosas cortinas de humo que el régimen actual está tendiendo para amedrentar a todo posible opositor, y para consolidar una permanencia institucional. El serial televisivo sobre el populismo en América Latina, que el año se anunciaba en grandes carteles pegados a los autobuses urbanos de la capital, resultó finalmente el parto de los montes: salió finalmente un ratoncito cuya paternidad nadie quiso adjudicarse y que nunca recibió la caricia de una pantalla de televisión. 

Yo nunca vi más que el inicio de la serie con el hijo del hoy señor de Isabel Preysler. Nunca salieron los capítulos dedicados a Perón, Chávez o –mucho menos– a López Obrador.

Aun si hubiesen sido emitidos, las nuevas leyes que están en proceso para castigar los delitos electorales no podrían aplicarse retroactivamente. Esto es solamente un “estate-quieto” para todo aquel que tenga los medios o la intención de producir programas que nos sean gratos a ya saben quién, rumbo a ya saben dónde.

felixcortescama@gmail.com


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