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Un protomo para Silvino JaramilloDomingo, 9 de Diciembre de 2018 02:32 a.m.

Cuando nuestra vida biológica termina, no desaparecemos de inmediato, seguimos habitando en otras memorias; aunque esta existencia también es pasajera porque, tarde o temprano, nos espera la segunda muerte… la del olvido.

Antiguas culturas como la egipcia, la griega y con profusidad la romana, buscaron salvar del olvido a sus grandes personajes haciendo esculturas de la parte superior del cuerpo (cabeza con una parte del tronco), a manera de retrato en tercera dimensión. A estas representaciones artísticas, los griegos las llamaron protomo y los latinos bustum.

La voz helénica protomo, literalmente sería “parte delantera” ya que se forma con el prefijo “pro” anterior, delante y con la palabra “tomo” parte, corte. Esto se explica porque, en esta cultura, los primeros protomos fueron de animales reales o mitológicos de los que sólo se esculpía la parte delantera para colocarlos en paredes con fines decorativos. Cuando se hicieron con modelos humanos, se mantuvo el mismo nombre. Ha quedado como huella de esta voz griega, que a esos museos o salas que guardan los bustos de diferentes personajes, los llamemos protomotecas.

La voz latina bustum, deriva del verbo burere “quemar”, de donde también procede la palabra combustión, cuyo significado es más fiel a su origen. Lo que sucedió es que, bustum fue primero la hoguera donde se incineraban los cadáveres, luego pasó a nombrar al monumento mortuorio que se colocaba donde yacían las cenizas del difunto. Cuando se puso de moda que tales monumentos fueran como los protomos griegos, a estos se los llamó bustum, que en castellano dio busto. El uso de esta palabra para referirse al pecho de las mujeres, es una metáfora incendiaria que surgió mucho después.

No hemos perdido esta costumbre y, a manera de homenaje y para preservar su memoria, seguimos esculpiendo bustos de personajes que dejaron profunda huella en su vida terrenal. No muy lejos, en esta semana estuvimos en la incipiente protomoteca de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la UANL, donde el  rector de esta institución  develó el busto del maestro Silvino Jaramillo Osorio.

A más de seis años de su muerte, el profesor Jaramillo sigue siendo recordado como uno de los fundadores de la Facultad donde, por muchos años, impartió la cátedra de periodismo y hoy, decenas de sus exalumnos coinciden en haber recibido de él la inspiración que los ha guiado en su vida profesional. “El periodismo debe estar bien investigado y bien escrito, porque va a la mente y al corazón de los hombres”, decía entre muchas otras cosas.

En su faceta de músico, Silvino Jaramillo nos dejó, además de muchas otras obras, preciosos villancicos que no tienen fecha de caducidad y que cada navidad se cantan a lo largo y ancho del país. Además, sus críticas musicales a los eventos que se presentaban en la ciudad siempre fueron apreciadas e infaltables.

Como periodista, es inolvidable su longeva página “La vuelta a la manzana”, que se publicó semanalmente en el diario El Porvenir durante poco más dos décadas. En esas páginas, Silvino Jaramillo mostró que la calle está llena de historias y que basta escoger al azar una manzana, recorrerla y ahí ha de brotar una que, sin duda, despertará el interés de los lectores.

“Músico inspirado, pluma incorruptible y mentor eterno”, es una hermosa definición que para Silvino Jaramillo Osorio hizo Hermila Martell, una de sus compañeras de batalla en las lides editoriales.

En la escala de la eternidad, no hay manera de escabullirse de esa otra muerte que es el olvido. Pero ocupar un lugar en una protomoteca, al menos da esperanza de que pase mucho tiempo, más de lo que es común para el resto de los mortales, antes de que el recuerdo sea desvanecido por el tiempo.

Así deseamos que sea la vida de la memoria de Silvino Jaramillo, luenga e inspiradora para futuras generaciones que pueden ir a buscarlo a las hemerotecas y “escucharlo” en tantos textos que por ahí guardan cientos de amarillentas páginas de El Porvenir, que también serán por muchos años guardianes de su memoria.


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