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Un choque cultural Por: Diego Díaz Si-nehLunes, 26 de Octubre de 2020 02:00 a.m.

Midsommar es el segundo largometraje escrito y dirigido por Ari Aster, el mismo que nos entregó Hereditary.

Después de que Dani (Florence Pugh) pierde a su familia es invitada por su indiferente novio Christian (Jack Reynor), a acompañarlo junto a sus amigos a un viaje a Suecia, para presenciar el festival de Midsommar (pleno verano) y convivir con los nativos.

Encontrándose a la mitad de la nada comienzan a darse cuenta de que tal vez la razón por la que fueron invitados no es lo que pensaban. ¿Será que encontrarán su final o un nuevo hogar?.

Esta producción es una en la que realmente podemos apreciar la evolución del director en cuanto a estilo y técnica. La fotografía es impecable. Hay tantos movimientos y transiciones que parece que se lograron sin esfuerzo, pero al analizarlos por un momento te dejan pensando: "Espera... ¿cómo llegaron ahí?". Un claro ejemplo es la transición del departamento, al baño del avión. 

Tal vez lo más alucinante son los efectos que utilizaron para mostrarnos lo que los personajes estaban viendo después de consumir alucinógenos. No sólo son impresionantes detalles sutiles visualmente interesantes, pero dentro de ellos podemos encontrar pequeños detalles que nos ayudan a entender qué es lo que realmente está pasando con los personajes en el momento. 

Hay demasiados detalles que son completamente fidedignos al verdadero festival en el que la historia está inspirada. Y de hecho el director insiste que los rituales y varios de los eventos que vemos en la pantalla están inspirados en verdadero folclor sueco.

Las actuaciones son geniales, pero definitivamente es Florence Pugh quien se roba el show con su interpretación de Dani y su increíble transformación (que es más notoria cuando la comparas con su actuación en películas como Little Women), realmente te ayuda a entender qué se siente estar en los zapatos de alguien que está completamente desamparada.

La trama es algo así como una historia preventiva, en la que vemos lo fácil que puede ser convencer a alguien de lo que quieras cuando se siente tan quebrada y abandonada. 

Al sentir que se le desatendió tanto y luego toparse con una comunidad que claramente comparte todo. Vemos que incluso cuando uno de sus miembros siente dolor y sufrimiento todos en colectivo sufren y agonizan con él o ella. 

Y pasa lo mismo con sentir placer. Te hace entender perfectamente cómo es que tanta gente es convencida y engañada para unirse a cultos. Es definitivamente un análisis sobre los lazos sociales y emocionales.

Esta película puede ser muy cruda, dura y hasta un poco deprimente. Puede ser una experiencia íntima e individual. Es definitivamente una nueva forma de hacer cine de terror. 8/10.

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