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Tú máximo potencial Por: P. Alejandro Ortega Trillo Alejandro Ortega TrilloLunes, 1 de Marzo de 2021 02:00 a.m.

Maltz, Leonard, Chopra y otros gurús del "potencial humano" enseñan que la calidad de nuestra vida depende del acceso a estados superiores de conciencia y a una eficaz relación cuerpo-mente-espíritu.

Jesús, con su trasfiguración, llevó al extremo nuestro verdadero potencial humano: su humanidad transfigurada es el anticipo de la nuestra. Sólo que, a diferencia de cualquier gurú, Jesús nos enseña que la transfiguración de nuestro ser es una gracia, no el fruto de malabarismos cognitivos; es un abandono, no una técnica; es una invitación divina, no una iniciativa humana. Jesús mismo nos dio tres pistas para alcanzar esa gracia.

Para transfigurarse, Él subió a una montaña, símbolo de la contemplación espiritual. Nuestra transfiguración –nuestro máximo potencial humano– exige que subamos al encuentro con Dios. Sobre esa cima, nuestros hábitos más grises se vuelven resplandecientes; y la caridad –el más alto de los hábitos– nos resulta lo más natural, como le pasó a Pedro: "Hagamos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías", que a nosotros no nos falta nada.

La conversación de Jesús con Moisés y Elías nos da otra pista: aprender a dialogar con nuestro pasado en apertura al futuro. Moisés y Elías representan el pasado de Jesús en las profecías, pero hablan con Él del futuro que le espera. La transfiguración de nuestra vida supone un diálogo sereno con nuestro pasado, a manera de clave de lectura de un futuro siempre promisorio.

Una espesa nube cubrió de pronto la montaña. De ella brotó la voz más tierna y poderosa que jamás haya resonado en la tierra: "Éste es mi Hijo amado, ¡escúchenlo!". Dios Padre nos dejaba así la tercera clave para nuestra transfiguración: escuchar a Jesús, en sus palabras de vida y en sus obras misericordiosas.

Nuestro máximo potencial humano no reside en el desarrollo de altas competencias psíquicas ni en supuestas conexiones energéticas sino en la transfiguración de nuestra vida mediante una fe sencilla hecha oración, la reconciliación con nuestra historia y ventura, y la escucha abierta de Jesús.

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