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Tres mañanasDomingo, 8 de Enero de 2017 00:53 a.m.

Hay tres mañanas: una es la parte temprana del día que muere al llegar la tarde; otra, el día que sigue al hoy y que, como todos los días, tendrá una vida de veinticuatro horas; se completa la tercia con “el mañana”, ese futuro indefinido y lejano en el que esperamos que algo ocurra. Sí, hay tres mañanas, pero sólo una historia.

Del indoeuropeo, lengua arcaica que se habló hace más de 8,000 años en tierras que hoy se ubican en Turquía y que fue madre del latín, del griego, del sánscrito y de muchas otras, los estudiosos han identificado la raíz *ma que en dos letras guarda el concepto de ‘bueno, propicio’. La encontramos en las palabras math del irlandés antiguo, en mad del galés y en mad del bretón, todas ellas con el significado primitivo ‘bueno, propicio’. 

La primera mañana 

En latín, la raíz *ma se conservó en las palabras matu y maturus, que en castellano dieron “maduro”, calificativo de lo que en su desarrollo ya está bueno, en sazón, en su punto. En contraparte tenemos prematuro, lo que sucede antes del momento adecuado. Del mismo origen es “matutino”, para nombrar a las horas tempranas del día que se asociaron a la palabra por ser consideradas el mejor momento, el más propicio para realizar tareas. 

De esta familia es la voz latina maturicare, que en castellano dio madrugar ‘levantarse temprano’, cuyo beneficio resaltan varios dichos populares: “Al que madruga Dios le ayuda”, “Madruga y verás, trabaja y tendrás”, “Quien madruga halla en la fuente, agua fresca y transparente”; aunque hay quien piensa que madrugar no garantiza nada, porque como dice aquel otro refrán “Para uno que madruga, otro que no duerme”. 

En otras variantes, se formaron las voces latinas mane, de la que derivó “amanecer”, y maneana de la que, con un breve cambio, en castellano nació la voz “mañana” con su significado primitivo de ‘primeras horas del día’. Nació así la primera mañana. 

La segunda mañana 

Para referirse al día que seguía al hoy, en latín se dijo cras. La palabra pasó al castellano antiguo y cuando algún asunto se quería posponer para el día siguiente, se decía ‘en cras mañana’, como hoy diríamos ‘para mañana temprano’; pero por el Siglo XV la expresión se acortó y sólo se dijo ‘en mañana’, dando lugar a que la palabra tomara el significado de ‘al día siguiente de hoy’. Nació así la segunda mañana, y la palabra cras cayó en el olvido, aunque subsiste incrustada en el verbo procrastinar, que significa ‘dejar para mañana, posponer’. Con este sentido, se han acuñado refranes como el conocido: “No dejes para mañana lo que tienes que hacer hoy” y vale recordar aquel antiguo anuncio con tintes de acertijo que los abarroteros ponían en sus tiendas “Hoy no fío, mañana sí”. 

El tercer mañana 

Cuando “mañana” tomó el significado de ‘el día que sigue al hoy’, no pasó mucho tiempo para que, por metáfora, pasara a significar un futuro indefinido, un hipotético día en el que se esperaba que ocurriera algo, ese era “el día de mañana” que luego, por acortamiento, pasó a ser “el mañana”, provocando la curiosidad de que sólo en esta acepción la palabra tomara el género masculino. Nacería así el tercer mañana. 

Hay tres mañanas, pero sólo una historia y todas regalan la esperanza de que serán buenas, así como lo promete su etimología… 

cayoelveinte@hotmail.com

Twitter: @harktos


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