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Clima
Tres aprendizajes en un añoPor: Susana López Reséndez No es de LocosJueves, 18 de Marzo de 2021 02:00 a.m.

¿Cuándo hace falta tener más y cuándo hace falta ser más?

Esta semana se cumple un año de una nueva era, una nueva normalidad a la que definitivamente aún no nos hemos adaptado del todo. La inesperada cuarentena que vivimos en marzo de 2020 vino a remover, destapar, evidenciar y magnificar el miedo, no hay otra palabra para describirlo. El miedo a lo desconocido, a la crisis, al encierro, a la soledad y naturalmente, a la muerte. 

Estas líneas las escribí sentada en un centro comercial de San Pedro, donde el acceso está delimitado por cintas que indican el paso obligatorio por la zona de control de higiene. Durante ese tiempo, alrededor de 20 personas pasaron por un lado de la cinta para evitar acceder por dicho control.

Lo cierto es que no nos gusta que nos roben la posibilidad de elegir, ni la sensación del ‘poder de elección’. No nos gusta que nos impongan reglas capaces de ‘coartar’ nuestro poder y libertad. Algo así como “no me digas qué hacer, puesto que yo decido cómo hacer”, pues de lo contrario nos sentimos desarmados, destapados y descubiertos en nuestra falsa seguridad sobre las cuales hemos construido nuestro self. 

Finalmente hemos aprendido a recaer y delegar cierta parte de nuestra persona en relación con lo que podemos obtener o comprar, en contraste con el singular motivo de simplemente ser. Tal como escribió Ginette Paris, “¿Cuándo hace falta tener más y cuándo hace falta ser más?”. Ser más se entiende desde la perspectiva de cuestiones más intangibles, internas, privadas y significativas; tiene que ver con todo aquello que alimenta o marchita nuestro espíritu.

Te comparto mis tres aprendizajes principales acerca de la pandemia:

    1. El arte nos nutre. Ya sea la música, un buen libro, la poesía, la jardinería o la cocina, cualquier forma de arte nos permite escapar y transformar nuestras experiencias de una manera creativa y sanadora. 

    2. Es urgente cultivar la resiliencia. La subestimada resiliencia nos permite adaptarnos a situaciones no favorables y, sobre todo, a replantearnos cuáles son nuestras mejores opciones ante una adversidad, aunque eso implique negociar nuestros deseos más urgentes.

    3. Hay que aprender a sentirnos vulnerables. Como adultos, tendemos a creer que todo debe estar resuelto, y, por ende, esta creencia nos impide sentirnos perdidos. Se debe enseñar a los niños que está bien llorar y permitirles hacerlo, facilitándoles a la vez la búsqueda de soluciones.

Porque #noesdelocos estar emocionalmente fatigados de todas las adaptaciones y retos que hemos enfrentado durante un año, #noesdelocos sentirse vulnerables ante los cambios y lo desconocido y, por último, #noesdelocos seguir buscando ayuda con profesionales de la salud, así como en el arte y las redes vitales de apoyo. ¡Estamos juntos en esto!

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