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Sobre la literatura como experiencia vital Por: Yanill Brancaccio Olmos La JirafaMartes, 3 de Noviembre de 2020 00:00 a.m.

A esta Jirafa le gusta, entre muchos otros escritores, mucho José Emilio Pacheco, escritor, poeta, narrador de la realidad del México del siglo pasado.

Aunque su obra es vasta, yo me quedo con sus Batallas en el Desierto... la experiencia de este libro a sus 16 años fue reveladora. Y no se trataba del morbo que pudiera despertar el amor platónico de un niño hacia la madre de su mejor amigo, sino de ese entresijo de emociones que surgen cuando te das cuenta que la vida es intensidad, es sueño, es dolor y es, sobre todo, sentimiento.

Hace poco le dije a alguien muy querido "lo único que hay que tomarnos en serio es lo que sentimos", eso que se traduce en alegría vital, lo demás se esfuma y máxime si estamos en este mundo de manera transitoria y fugaz: cultivamos relaciones interpersonales, nuestra única obligación es hacer que éstas valgan la pena, dejar huella, trascender.

José Emilio Pacheco trascendió su premio Cervantes y sus otros galardones lo garantizan, pero no sólo eso, también su modo de ver el mundo; su manera tan exquisita de describir los fenómenos cotidianos (la pugna entre el fuego y la leña por hacer que valga la pena hasta el último chispazo para hacer que lo que quede –las cenizas– se justifiquen) permitieron –al menos en lo que a mí respecta– saber que cualquier esfuerzo por no quedarse estáticos merece llevarse a cabo.

A José Emilio Pacheco todo mundo lo conocía y nadie lo conocía. Todos en un mundo intelectual que (al menos en México) está en franca decadencia. Y nadie, pues pensemos que más del 60% de la población no lee de manera habitual... era un gran desconocido.

La literatura, definitivamente, es un buen pretexto para hacer que esta vida valga la pena el arte en general da energías, libera de nebulosas (mentales) y clarifica el espíritu. Permite que el ser no se quede en esta cárcel corpórea, sino que migre a otros mundos posibles donde es fácil perder el habla, la cabeza y hasta el sentimiento (¿la vida?).

La vida, como la literatura (y el arte en general), es representación de lo que está en el mundo... de lo que veo en el mundo y cómo lo interpreto. El reto de la vida (de la literatura y del arte en general) es hacer que tanto la representación como el mundo se identifiquen. Así, la vida es arte y el arte (desde mi punto de vista, especialmente, la literatura) es vida.

Arte, en cuánto técnica, pues requerimos de ciertas herramientas básicas para vivir (y para escribir). Arte, en cuánto pasión, ya que es indispensable que esta vida nos apasione tanto que seamos incapaces de "vivir sin ella". Arte, en cuánto manifestación, pues si no se concreta en el aquí y ahora nos quedamos en el limbo y ese, ya lo sabemos, no existe... no pertenece al mundo.

Vida, en la medida que sin ella nada es posible (ni siquiera la muerte). Vida, en la medida en que sabiéndonos presentes, necesitamos concretar en acciones precisas nuestra inmanencia. Vida, por la razón que sea, vida que hay que vivirla con sus altibajos y sus emociones hasta el extremo de la trascendencia.

Y es que no nos vaya a pasar como a aquel, que se topó con SU VIDA y no estaba sabiendo qué hacer con ella, la estaba perdiendo y por más que se acercaba aquella se alejaba y se alejaba... hasta que decidió proponerle un pacto: él viviría por ella y ella se dejaría vivir.

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