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Sobre la administración de la verdad: no a todos TODO Por: Yanill Brancaccio Olmos La JirafaMartes, 12 de Enero de 2021 00:00 a.m.

- I want the truth! - You can't handle the truth! 
Kaffee and Col. Jessep

A few good men (1999)

Ha sido muy llevado y traído el tema de las llamadas "Fake News". Que si se deben limitar, que si ya forman parte de la cultura y, por lo tanto, de los tiempos en que vivimos. Que si sirven para bien a quienes pretenden "atacar", que si "verdaderamente" hacen daño, etc.

En aras de la libertad de expresión y del derecho que tienen los humanos para conocer la verdad, este análisis resulta una gran oportunidad, pues (esto lo decimos con ironía) aquello por lo que tanto se ha luchado: la libertad, en cada publicación (de estas llamadas "Fake News") se ha hecho cumplir a cabalidad esa llamada libertad de expresión, aunque en un claro sentido contrario.

Sin embargo, lo que lleva a esta Jirafa a la reflexión es la siguiente pregunta: ¿el hombre, el individuo, tú y yo, como tales, estamos en total derecho de conocer o, mejor aún, de exigir el conocimiento de la verdad?

Porque si bien es claro (y aquí lo hemos dicho infinitas veces y de diversos modos) que lo propio de la inteligencia humana es poseer La Verdad, lo cierto es que no todos estamos en condiciones o, con más precisión, en capacidad para asimilarla y utilizarla como mejor nos convenga; es decir, para bien nuestro y de los demás.

Podemos, pues, por el mero hecho de ser animales inteligentes, exigir que aquello que se nos diga sea verdadero, no nos satisfará otra cosa distinta; sin embargo, no por el mero ejercicio natural de esta capacidad nuestra podemos o debemos exigir saberlo todo de todo, pues será, quizá, que no estamos aptos o que aquello no nos compete o un sinfín de condicionantes que no nos hacen ser receptáculos de la misma.

Y es que resulta que el contenido se hace al continente, o lo que es lo mismo, si asumo la información que recibo desde mi perspectiva personalísima y no la veo desde una visión de conjunto o global, quizá las conclusiones a las que llegue (por el mero hecho de estar sesgadas por mi propio juicio) no reflejen de manera clara y objetiva lo que la realidad es.

Pongamos el ejemplo del un estudio científico o, algo más simple, de unos análisis de sangre. Si estos llegan a mis manos y no sé interpretarlos, pues las conclusiones podrían ser una interpretación totalmente errónea o distinta de lo que estos representan, pues no tengo la capacitación (no la capacidad); es decir, no soy apto para recibir dicha información.

Asumir que tengo el derecho a conocer la verdad (toda) me conduce de alguna manera u otra a un tipo de relativismo, pues la percepción de aquello que se me presenta no necesariamente me arrojará una conclusión verdadera, sino más bien a una certeza (en el mejor de los casos) o a asumir una mera opinión... y aquí entra el problema (siempre humano) de considerar aquello que afirmo como universal.

No todos, pues, estamos en condiciones de recibir toda la información, ello dependerá de nuestra formación.

Sin embargo, lo anterior podría llevar a esta Jirafa a afirmar que entonces la gente debe o puede mentir, cosa más falsa. Más bien lo que se pretende confirmar es que en la medida en que mis habilidades (técnicas y mentales) me permitan asimilar determinada información, en esa medida tengo la responsabilidad de utilizarla para beneficio de todos.

Esta Jirafa, preocupada por que entendamos sobre nuestro acceso a la verdad, seguirá atenta.

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