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SIETE PUNTOS Por: Francisco Gómez Hinojosa Padre Francisco Gómez HinojosaJueves, 14 de Enero de 2021 02:00 a.m.

1. Aprendí desde la primaria la diferencia entre libertad y libertinaje, y no en la clase de religión, pues el colegio era católico, sino de civismo, cuando se impartía esa disciplina. La primera, nos decía un estricto profesor, se define como la capacidad del ser humano de pensar y comportarse conforme a su voluntad. El segundo, y fruncía el ceño para indicar que le disgustaba lo que iba a decir, es la actitud irrespetuosa –de las leyes civiles o religiosas que le competen– en menoscabo de la libertad de los demás.

2. Eres libre, nos decía el profesor, de ser católico o protestante, de irle a los Rayados o al América –no había Tigres–, de votar por un partido político u otro. Pero no tienes la libertad de insultar a quien profesa una religión distinta, de agredir a un aficionado rival o de asesinar a un militante de un partido opositor. Toda libertad tiene límites, remataba. El problema se presenta con las instancias que decidirán esas restricciones. Los filósofos hablaban de un contrato social –Rousseau– firmado por todos los ciudadanos...

3. ... que autorizaba al Estado a precisar las reglas de esa limitación. Todas las constituciones tienen leyes que equilibran esta difícil relación entre hacer todo lo que yo quiero y lo que puedo. El ejemplo más cercano de esta problemática lo constituye la suspensión indefinida de las cuentas propias del presidente de EUA, Donald Trump, en las principales redes sociales. Mientras que un sector de la opinión pública saludaba la medida, por el daño que el todavía inquilino de la Casa Blanca podía causar con sus mensajes...

4. ... otro se indignaba, incluido nuestro Presidente de la República, calificando tal medida como un atentado a la libertad de expresión. La primera tesis sostiene que nadie puede ser libre para mentir, ofender e incitar a la violencia; la segunda cuestiona que sean personajes como Zuckerberg –Facebook– o Dorsey –Twitter– quienes pretendan constituirse en las conciencias mundiales que deciden la diferencia entre buenas y malas personas. Obviamente, las mencionadas redes sociales obedecen a una lógica empresarial...

5. ... y ya sabemos que ella no siempre se ajusta a criterios éticos. Al ser empresas, estudian las necesidades y gustos de sus clientes, y tratan de explotarlos con fines comerciales. Tales redes sociales pueden favorecer o bloquear a un determinado usuario si eso les reditúa o no beneficios económicos. No les interesa ni el bien común ni la dignidad de las personas, sino que su herramienta tenga el mayor alcance posible. Hoy pueden vetar a Trump, pero eso no las hace más respetuosas de la dignidad humana.

6. Necesitamos, entonces, una entidad capaz de favorecer, sí, la libertad de los medios de comunicación, pero también de analizar sus contenidos editoriales, en base al respeto y a la no violencia. Instancias sociales desvinculadas de gobiernos y empresas, con autoridad moral y efectiva para reglamentar este fenómeno que llegó para instalarse. De lo contrario, de tanto defender la libertad de quien quiere insultar, y la de quien se lo quiere impedir por mero negocio, estaríamos ante una forma muy sutil de libertinaje.

7. Cierre ciclónico. Desapercibido pasó el Motu Proprio: El Espíritu del Señor del Papa Francisco, publicado el pasado 10 de enero. En él se levanta la prohibición de que las mujeres puedan recibir los ministerios litúrgicos instituidos, como lectorado y acolitado, hasta ahora reservados a varones que se preparan para el presbiterado. Dos inquietudes. Los ministerios catequéticos y sociales: ¿cuándo estarán a la altura de los litúrgicos? Esta reforma: ¿abre la puerta para que ellas puedan acceder al diaconado y al presbiterado?

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