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“Ser rayado es... ¡una forma de vida!” Lunes, 25 de Marzo de 2019 04:00 a.m.

El sábado pasado se llevó a cabo el homenaje a Walter Erviti, jugador que -bajo el mando de Daniel Alberto Passarella y una plantilla destacada de muchos jugadores dotados de un alto nivel de calidad- rompió con la sequía de 17 años y le dio el segundo título en su historia al Club de Futbol Monterrey.

En su paso con La Pandilla, en seis años, ‘El Petiso’ logró 18 goles, seis asistencias, un título de Liga y dos Finales perdidas en casa, números que si -fríamente los vemos- no son muy meritorios para homenajear a un jugador, sin embargo, la honra al playera 18 del La Pandilla fue realizado por algo que no todos los jugadores logran tener, pese que algunos puedan registrar mejores números, esa diferencia que marcó al argentino de algunos otros elementos que han pasado por el club albiazul, son: la identidad y el compromiso.

Desde el primer partido, Erviti demostró estar comprometido con el equipo, de estar ubicado a qué equipo había arribado, de las necesidades del club y del clamor de su afición.

Con él no hubo excusa alguna, el famoso tiempo de adaptación lo dejó de lado y de inmediato mostró su magia; siempre tuve la impresión de que sus rivales lo subestimaban por su estatura, pero... silbando el árbitro, se comportaba como un gigante dentro de la cancha, haciéndole a sus rivales gambetas, fintas y caños, magia pura del nacido en Argentina.

No hubo partido en el que Walter no sudara la playera, su entrega en la cancha era agradecida por toda la afición de los Rayados, aparecía en momentos claves y en partidos importantes para el Monterrey... basta citar aquella anotación soberbia en el Clásico Regio 84 jugando de visitante, o aquel gol que le abría el camino al anhelado título en la Final del Clausura 2003 en el mítico Estadio Tecnológico

¿Quién quiere un homenaje?, es la pregunta que me gustaría hacerle a los jugadores del actual plantel, me interesa saber a quiénes de ellos les agradaría ser recordados a través de los años por los aficionados del Monterrey.

De regresar 11 años después, que se reúnan excompañeros del  equipo en el cual jugó y también ser capaz de reunir más ídolos de otras temporadas del club, de remover sentimientos, porque seguramente al volverlo a ver, inevitablemente, generará un enorme deseo de haber visto al homenajeado con al menos uno o dos jugadores emblemáticos de otra época del club, que por cosas del futbol no pudieron coincidir.

Y  por si fuera poco, que congregue más de 42,000 personas en el estadio, que la gente los ovacione al unísono, que al regresar a Nuevo León le digan que gracias a su desempeño en los rayados muchos niños, hijos de los hinchas que lo vieron jugar, fueron bautizados con su nombre.

Ojalá hubiera muchos jugadores de la actual plantilla que desearan todo lo anterior, porque para conseguir lo que logró Walter Erviti, como anteriormente lo cité, solo bastaron dos cosas: identidad y compromiso.

TIBURÓN ‘COLMILLUDO’

Triste, lamentable y reprobable que después de terminar el partido donde se consumó el descenso del Veracruz, Robert Dante Siboldí haya declarado que el dueño de los escualos hará efectiva la parte del reglamento donde permite pagar $6 millones de dólares para permanecer en Primera División.

Es insólito que la FIFA permita este tipo de situaciones, dejando de lado la competencia deportiva... y que por reglamento, un equipo que lucha por ascender en todo un año, pierda las esperanzas burocráticamente.

Sin duda, esto es un retroceso total para el futbol mexicano. Nos leemos la próxima vez que el mundo se detenga y ruede el balón.


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