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Clima
¿Se acuerdan del solferino?Domingo, 14 de Agosto de 2016 00:59 a.m.
Ya casi nadie lo conoce, pero tuvo su tiempo de gloria. Me refiero al color solferino, uno de los preferidos de las damas de antaño. El diccionario lo define como “color morado rojizo”, pero yo no estoy seguro de que eso sea exacto. Como sucede a la mayoría de los  varones, describir y distinguir colores no es mi fuerte.

Pero eso no me impide contar una historia colorida, que encierra detalles muy interesantes y que le dio nombre a este color.

A mediados del Siglo XIX, los avances en la química lograron la aparición de los colorantes artificiales. Las que se pusieron muy contentas con tales logros, fueron las cochinillas de nopal que, durante muchos años y gracias a la tecnología azteca, fueron literalmente hechas polvo para convertirlas en un pigmento que daba a telas y sedas un color grana (en náhuatl: nocheztli ‘sangre de tuna’).

Por la misma época, en el año 1859 para ser preciso, el ejército austríaco dominaba la región norte de Italia. Napoleón III tomó la misión de liberar a esta región, seguramente con algún interés porque este hombre “no la brincaba sin huarache”. Así, el 4 de junio de ese año, en el pueblo de Magenta, se libró una gran batalla y el ejército francés derrotó a los invasores austríacos. Antes de que se repusieran, Napoleón III se fue sobre lo que quedaba de ese ejército y, apenas 20 días después, volvió a enfrentarlos en el pueblo Solferino (que significa Sol feroz) y les propinó la derrota decisiva.

Es de anotar que esta batalla de Solferino fue tan sangrienta, que ahí mismo Henri Dunant, testigo de esa carnicería, vio necesario que existiera una organización de asistencia a los heridos en las guerras y de esa iniciativa surgió la Cruz Roja Internacional.

Mientras la sangre teñía de rojo a los campos italianos, en Francia los químicos lograban teñir telas por primera vez con colorantes artificiales. Eufóricos por el descubrimiento y también por las batallas recién ganadas, decidieron guardar en el nombre de dos colores, la memoria de las hazañas de su heroico ejército. Nacieron así, de la misma circunstancia, los purpúreos colores  magenta y solferino.

Estos colores no corrieron con la misma suerte. A fines del Siglo XIX y en la primera mitad del Siglo XX, el solferino se puso de moda, mientras que del magenta nadie hablaba. ¡Ah!, pero esas vueltas que da la vida… vino la era de la computación y en los modernos sistemas de impresión, el magenta fue elegido como uno de los colores básicos. Las cosas se invirtieron, ahora todo mundo sabe del magenta, pero del solferino, casi nada. Su fama se fue con las damas de antaño.

Aunque el solferino está prácticamente olvidado y sólo algunas abuelas aún se acuerdan de él, para su consuelo, en México dejó una huella. Hay un pequeño pueblo en el estado de Quintana Roo que se llama justamente Solferino (que en antiguo llevaba el nombre maya de Labcah); ahí crece un árbol cuya madera es de color rojizo y, en tiempos de lluvia, pinta el suelo de grana intenso; algo parecido a como se vieron los campos del Solferino italiano  aquel día de tan cruenta batalla. De esta circunstancia el pueblo mexicano tomó ese nombre.

Respecto al magenta, hace algunos años se armó un escándalo cuando se supo que las compañías Telekom y T-Mobile habían registrado este color como exclusivo y ninguna otra empresa de su giro podría usarlo en sus logotipos. Muchas voces se alzaron para impedir el “secuestro”, pero como “con dinero baila el perro”, usted ya sabrá lo que pasó…

Por aquello de “no te entumas”, yo mejor termino esta colorida historia, no vaya a ser que por andar hablando de magenta y solferino, termine en “el botiquín” por andar violando derechos de propiedad.

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos
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