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¿Se acuerdan de la ´pericocha´?Domingo, 17 de Agosto de 2014 01:54 a.m.
Cuando llegué a Monterrey, la década de los sesenta vivía sus últimos meses y mi infancia vivía sus últimos días. Todavía me alcanzó para dejarme sorprender y cautivar por un juego extraño que reunía a un gran número de niños en las calles del barrio.

Se jugaba con un palo corto de extremos puntiagudos y uno más largo que se usaba, en algunas jugadas, a manera de bate de beisbol. Yo lo conocí como ´pericocha´, pero más tarde supe que en otros rumbos de la ciudad lo llamaban capirucha.

Viví mis primeros años en la capital y luego en tierras potosinas, donde no conocí un juego parecido a la ´pericocha´. Por eso, siempre pensé que era original de la región del noreste y habría nacido como una variante austera del beisbol. Parecía así confirmarlo que la palabra sólo apareciera recogida en «Léxico del noreste de México» de Ricardo Elizondo. Pasarían muchos años antes de saber que la historia era más ancha y mucho más profunda.

Leyendo sobre juegos populares españoles, me sorprendió saber de un juego similar a nuestra ´pericocha´ llamado la pítila, tradicional de Navas de San Juan, un pueblo al norte de Andalucía. De la pítila alguien escribió: “Era uno de los juegos más populares entre niños y muchachos. Se necesitaban dos palos, uno de aproximadamente 15 centímetros de largo, con los extremos afilados en punta, al que había que golpear con otro palo más largo. La forma de jugar era colocar el palo más corto o pítila en el suelo, golpear a este en uno de los extremos haciéndolo elevar un tanto y tratando de golpearlo en el aire, lanzándolo lo más lejos posible, mientras se gritaba pitiliuna. Se repetían sucesivos golpes, repitiendo pitilidos, pitilitres y máquines. El jugador marcaba la posición que había alcanzado o bien la medía con el palo largo, pasando el turno al siguiente jugador. Ganaba el juego el que conseguía llegar más lejos, pudiendo imponer al perdedor que le llevara a cuestas a la distancia que se determinara de antemano”.

Este hallazgo, fue tan sólo la punta del iceberg. Al seguir indagando, fueron apareciendo variantes del juego, aunque con diferentes nombres, en diversas regiones de España. En Riosa, el juego se conoce como saltamarrana, nombre que parece lógico si consideramos que marrana (derivada del francés merraim, del latín materiamen) también significa ´madero, palo´. Muy diferente es marrana, que denomina a la hembra del cerdo, y que se deriva del árabe mahrán con el significado de ´prohibido´. Esta semejanza produjo un detalle curioso en el palichu, otra variante asturiana. En esa región, la voz “goch” es usada para llamar a los cerdos y a estos los llaman gochos. Por un cruce de significados, al palo pequeño (la marrana que salta), también la llaman gocha.

El juego también aparece en Asturias como la birya y el piquele. En la provincia de León lo llaman la bigarda y en Cataluña el lápiz. Cruzando el charco, también aparece en Perú como palillo chino. Aquí mismo, en México, aparece a lo largo y ancho del país con los nombres de bolillo, timbomba, beli y Shangai. Todos tienen en común un palo largo que se usa para golpear a un palo corto de puntas afiladas.

Ahora tengo claro que la ´pericocha´ es una variante de los ancestrales juegos de palos europeos que, de alguna manera, llegó a nuestras tierras. Pero, ¿de dónde surgió este nombre? Lo más probable es que los giros en el aire del palo menor, recordarán los giros de las capiruchas que dan puntos al jugar con un balero. De esa semejanza el juego sería llamado capirucha y luego, por corrupción fonética, no sería difícil que pasara a ser la pericocha.

La pericocha ya no es juego para los niños de hoy, la hemos perdido. Ahora es juego de fantasmas, los niños de ayer que para divertirnos no dependíamos de la electrónica y no por eso… éramos menos felices.

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos

ARTURO ORTEGA MORÁN:
Investigador en asuntos del lenguaje. Escritor, columnista y conductor de radio. Tiene obsesión por arrancarle secretos a las palabras para luego ir con el chisme.
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