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SarcasmosPor: Guillermo Fárber BuhederaMiércoles, 24 de Febrero de 2021 02:00 a.m.

Si a la primera no tienes éxito, el fracaso puede ser tu mejor estilo.

FiSICOCULTURISTA

Tras mucho padecer en sus años finales, murió en el puerto Mariano Farriols. Tenía unos 75 (dos o tres años más que yo). Fue, según mi conocimiento, el único mahatleco que se ha dedicado de tiempo completo al fisicoculturismo (esa fiesta de egos aceitosos y músculos gigantescos) en que llegó a competir a nivel internacional aunque nunca despuntó. En sus años de gloria el Mariano se lucía los domingos al mediodía en un lugar selecto y alejado (pero no mucho) de la playa Las Gaviotas (la playa fifí de entonces), donde no se rozaba con nadie pero todos lo podían ver. Recordando cómo funcionaba su mente (platiqué con él tres o cuatro veces) infiero que hacía eso como hacía todas sus cosas: bajo un estricto horario de tantos minutos tirado al sol, tantos minutos de tal lado de la playa a tal otro lado, en tales días, dentro de tal horario, vestido de tal modo, rigurosamente rasurado y peinado, etc.
Recuerdo que en alguna ceremonia del ICO, hacia 1962, el Mariano hizo una exhibición de levantamiento de pesas. Muy profesional, como en una competencia olímpica de halterofilia. No recuerdo cuántos kilos levantó, pero seguro fue notable. Luego, una vez terminada la exhibición, el Cheque (un compañero voluminoso y siempre sonriente) recogió la enorme barra con discos metálicos con una mano, la retiró y salió de escena.

UN ANTIHÉROE

Yo tuve una infancia esquelética. Además de pesar y medir lo normal para nosotros los fantasmas, comía muy poco porque nunca tenía apetito. Pero era fanático de la lectura y me apasionaban los cómics (que entonces llamábamos “monitos”). En la contraportada de algunos cómics se hacía publicidad Charles Atlas (Angelo Siciliano, 1892-1972), quien vendía su curso por correspondencia de “Tensión Dinámica”. La publicidad gráfica contaba una historia muy simple de un débil “buleado” en la playa por un fuertote. “Yo era un alfeñique de 44 kilos”, decía. Yo pesaba entonces 22 kilos, de modo que imagínate mi frustración. Hasta la prepa yo seguí siendo uno de los más escuálidos y más chaparros del salón. En la primaria yo era miembro de la escolta júnior a la bandera: el Pichi Urrea, el Chichí Serna, yo el Chachis Farber y algún otro que se me olvida (pero que tal vez llevaba también una “ch” en su apodo). También recuerdo que en esos mismos cómics vi cómo Popeye (originalmente Pop-Eye, Ojo Saltón, 1929) se ponía súper fuerte tras comer espinacas. Así que le pedí a mi madre que me diera espinacas (a ver si eso hacía el milagro). Pero al día siguiente, al ver en mi plato aquella masa verdosa a la que no estaba acostumbrado, le propuse un arreglo a mi madre: “¿Qué te parece si me das esta comida un día sí y otro no, y hoy comenzamos con que ‘no’?”

Era 1968. Yo tenía 20 años, pesaba unos 20 kilos más que ahora (llevaba sólo dos cirugías de las 11 que acumulo) y hacía ejercicio regularmente (gratis, desde luego) en el precario gimnasio de la vieja Ibero de esta Corruptitlán. O sea que yo estaba en buenas condiciones de aspecto. El problema es que esos 20 kilos de puro músculo (rara vez tomaba proteínas, licuados y demás mejunjes, y nunca me puse hormonas), como buen neófito y el necio autodidacta que siempre he sido, yo concentraba esos kilos sólo del ombligo para arriba. Ergo, tenía las patas flacas como espaguetis. Mi solución fue genial: iba a la playa caminando como argentino con el torso descubierto al sol, pero con pantalón largo. Así soñaba yo (supongo) que una gringuita desprevenida iba a irse con la finta; ni siquiera se me ocurría qué iba a hacer yo a la hora de la verdad si ese momento llegaba (que nunca llegó, claro).
OOOOOOMMMMMM

Recuerda meditar cuanto puedas, cuando puedas. Excelente introducción a la meditación, y cómo entrar en paz y relajación: https://bit.ly/3spJYAW.

gfarber1948@gmail.com

http://www.farberismos.com.mx/web/

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