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¿Santa Clos o Santo Clos?Domingo, 18 de Diciembre de 2016 00:44 a.m.

Es diciembre y en el ambiente navideño que inunda la ciudad, no puede faltar la jovial imagen de Santa Clos, el robusto anciano que por arte de magia en tan sólo unas horas reparte juguetes a millones de niños. Vuelve también la recursiva pregunta: ¿Por qué Santa Clos y no Santo Clos? ¿Qué acaso se “le sabe algo”?

Para evitar chismes y malos entendidos, vamos aclarando que Santa Clos es producto de la metamorfosis que, a través del tiempo, han sufrido el nombre y la imagen de San Nicolás de Bari. Este personaje nació a finales del Siglo III, en Licia (hoy Turquía). Se sabe que fue Obispo de Myra y de él se cuenta que era un hombre benevolente con especial afecto por los niños pobres, entre los que repartió la fortuna que heredó de su familia. Fue uno de los santos más venerados durante la Edad Media y muy especialmente en Bari (Italia), donde se conservan sus reliquias.

Lo más probable es que, como una remembranza de su mítica generosidad, en el Siglo XIII nació la tradición de –en nombre de San Nicolás– dar regalos a los niños el 6 de diciembre, día en que la Iglesia católica recuerda a este santo. Todavía en muchos pueblos europeos esta costumbre se mantiene con diferentes modalidades.

En Holanda, San Nicolás es llamado Sinterklass, y tuvo tal arraigo en este país, que se convirtió en el santo protector de Ámsterdam. Todavía hoy, cada diciembre “llega” con vestimenta de obispo, barba blanca, montando un caballo blanco y acompañado de su fiel esclavo negro Zwarte Piet (Pedro el Negro). Además, carga un saco con regalos para los niños buenos y varas para castigar a los desobedientes. En el Siglo XVII, a los niños holandeses se les decía que Sinterklass vivía en España y que el saco que llevaba era para meter a los niños que se habían portado mal durante el año, y entonces los llevaba a España, un castigo horrible para la época, ya que ambos países eran acérrimos enemigos.

En 1624, los emigrantes holandeses fundaron Nueva Ámsterdam (hoy Nueva York) en territorio americano. Con ellos llegó la tradición de Sinterklass y por influencia de otras pronunciaciones, pasó a ser Santa Claus. Esto explica por qué “santa” y no “santo”.

Por otro lado, la Iglesia luterana intentó contrarrestar la tradición de San Nicolás promoviendo que el portador de regalos fuera el propio Niño Jesús –el Cristkind–, aunque con poco éxito. No obstante, sí que tuvo un efecto, pues San Nicolás entregaba los regalos durante la noche del 5 al 6 de diciembre, y el rápido avance de la costumbre de entregar los regalos del Niño Dios en el día de Navidad, forzó a que él también entregara los regalos ese día.

La imagen actual de Santa Claus es producto de la imaginación de algunos artistas americanos. En un poema escrito por Clement C. Moore en 1823, se le describe como un tipo gordo y alegre que viajaba en un trineo estirado por renos. Un dibujante satírico, Thomas Nast, entre 1863 y 1886, creó progresivamente la imagen básica de Santa Claus a través de sus ilustraciones publicadas en la revista Harper’s. Nast: lo vistió de rojo, con gorro y botas altas, y también le adjudicó un taller en el Polo Norte.

Finalmente, fue la empresa Coca Cola quien le dio su actual aspecto cuando, en 1931, encargó a Hadbon Sundblom –dibujante de origen sueco– que remodelara el Santa Claus de Nast. Con Sundblom, Santa Clos se vistió de lujo, se convirtió en un personaje jovial de mirada pícara y, desde luego, en su vestimenta se enfatizaron los colores rojo y blanco, que son los de la compañía.

Así las cosas, debe quedar claro que el nombre Santa Clos es producto de una evolución fonética (Sinterklass> Santa Claus> Santa Clos). Si quisiéramos castellanizar el nombre, en todo caso habría que regresar al original San Nicolás. Aunque en el Santa Clos de hoy ya no queda nada –si acaso la barba– de aquel obispo que nunca se imaginó que terminaría vendiendo refrescos.



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