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Salto de fe Por: Claudia Cantú Semillas para el almaLunes, 24 de Agosto de 2020 01:14 a.m.

¿Cómo te sentirías en este momento sin tener preocupaciones? Antes de decir que es imposible, solo imagínalo: Te levantas feliz, tus pulmones se llenan de aire con cada respiro, tu cabeza está despejada y tu corazón late de manera armónica.

¿Qué te falta para vivirlo? ¿Sabías que el estrés, la mayoría de las veces, proviene de la ansiedad que te creas tú mismo? Y, además, tú solito te provocas toda esa cadena de reacciones que hacen que el cuerpo no rinda, como, por ejemplo, arritmias cardíacas, opresión en el pecho, que tus pulmones no reciban el aire necesario, confusión mental, molestias en el estómago, dolor de cabeza, ataques de pánico, depresión y muchos etcéteras.

Ante esto, aprendí algo que me cambió la vida: el salto de fe. Que en resumen significa que te ubiques en tu realidad, te ocupes de lo que te corresponde, analices lo que no puedes cambiar y lo sueltes para que ya no te pese. Y, ¿qué crees? Te vas a dar cuenta de que tienes que dejar ir, por tu bien, el 99.9% de las cosas, ya que, o no son tu asunto o no son reales, son solo miedos anticipados.

A mí me cayó el veinte de esto hace muchos años, aunque a veces se me olvida, tengo que confesarlo, y volver a aprender la lección. Estaba renunciando a un trabajo, en el cual abusaban de mi tiempo y la remuneración no era la adecuada, y, mientras lo hacía, mi jefe me rogaba y me daba mil razones para quedarme, todas ellas nada convincentes; pero, como le tenía bastante aprecio, lo escuchaba, al mismo tiempo que mi corazón se aceleraba, mi estómago se inflaba, no podía pensar coherente y luego sufrí un ataque de ansiedad, que me costó mi salud y muchos miles de pesos.

Hace poco, en un ejercicio con uno de mis maestros, tenías que subir a una plataforma de un metro y medio de altura y lanzarte de espaldas al vacío, donde estaban tus compañeros de equipo y te atrapaban con una red. Esto se trataba, en primer lugar, de soltar, y en segundo, de confiar en ti y en tus amigos.

Con curiosidad veía que las personas no se querían tirar y luego lloraban histéricas al caer en la red, se revolcaban en ella, gritaban y soltaban tantos sentimientos como eran capaces. Llegó mi turno, no estaba nada nerviosa, solo a la expectativa, como casi nunca lloro, dije "Ahora es cuando"; pero cual fue mi sorpresa que lo único que sentí fue risa, y no de nervios, me dio un ataque de felicidad.

Algunas personas me miraban mal, como si me estuviera burlando del ejercicio, y seguramente en sus mentes me acusaban de payasa o de falsa, pero en mi interior comprendí lo que ocurría: Ese fue mi recordatorio de que ya había hecho mi salto de fe.

Como ya había soltado el pasado, el presente y el futuro, no tenía nada qué liberar, solo gozar, disfrutar el momento y ver el precioso cielo azul que tenía frente a mis ojos, ya que el ejercicio fue al aire libre y, además, en un lugar paradisiaco.

Entonces, ¿Sabes qué pasa cuando sueltas lo que no puedes controlar? ¿Los pensamientos, los juicios, lo deber ser, los pensamientos de los demás? La respuesta clara y contundente es: Te diviertes, gozas y vives en plenitud. ¿Te animas?

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