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SALACADULA CHALCHICOMULASábado, 10 de Noviembre de 2018 00:00 a.m.

Comprendo que algunos se hayan extrañado por el título de la columna del día de hoy, los que tienen tiempo siguiéndola saben que de vez en cuando me gusta utilizar títulos simpáticos para llamar la atención del lector en primer lugar. El día de hoy no hay excepción, sin embargo, y aunque no lo crean, el título viene muy “ad-hoc” al tema que quiero compartir: “el pensamiento mágico”.

Hace algunos años, como buen sábado, hacia limpieza en casa, me dirigí al cuarto de mi hijo y oh sorpresa (ja, en ese entonces ) su cuarto estaba desordenado, le pedí que me ayudará a acomodar sus juguetes y él inmediatamente elevó sus dedos índices a las sienes, cerró los ojos y dijo: “Que se recojan mis juguetes”. Me dio mucha ternura ver esta reacción infantil propia de su edad, haciendo remembranza viene a fraguarse este artículo.

El pensamiento mágico ha sido parte del ser humano desde el inicio del tiempo, ante lo inexplicable buscaba una explicación sobrenatural, tenemos registros de las antiguas civilizaciones donde se hacía la danza de la lluvia, para ayudar a la cosecha e incluso sacrificios ante “dioses” para tener una buena temporada o como forma de agradecimiento.

El pensamiento mágico se ha atribuido principalmente a dos hechos: la contigüidad entre eventos (por ejemplo: “La maestra no puso examen porque yo se lo pedí a Diosito”) y el pensamiento asociativo, que consiste en establecer relaciones en función de similitudes. Por ejemplo, los Jíbaros creían que al reducir la cabeza de su enemigo, el vencedor se apodera del espíritu del vencido.

Autores como Claude Lévi-Strauss o Thomas Markle han afirmado que el pensamiento mágico tiene funciones adaptativas en determinadas circunstancias. No obstante, a la hora de atribuir causas este tipo de razonamiento tiende a fallar de forma mucho más habitual que aquel que se basa en pruebas empíricas.

Una de las principales funciones del pensamiento mágico es la reducción de la ansiedad. Cuando las personas se encuentran en una situación estresante que no pueden resolver, es más fácil que asocien la reducción de la ansiedad con elementos arbitrarios por tal de obtener una cierta sensación de control. Por ejemplo, en la agorafobia es habitual el uso de “amuletos”.

Incluso en el mundo actual, en el que creemos que predomina la lógica, el pensamiento mágico aún tiene una presencia significativa e incluso resulta útil en ocasiones. Un buen ejemplo es el efecto placebo, por el cual el mismo hecho de creer que un falso remedio va a resultar útil para curar una enfermedad provoca una mejora de los síntomas.

No es la finalidad quitar esta magia que nos hace sentir bien, esa pequeña dosis que nos permite seguir creyendo que por suerte o por magia las cosas se pondrán mejor, sin embargo no es bueno salirnos de proporción, no podemos vivir en la fantasía eternamente cuando no hemos tomado el control sobre nuestras acciones, ni nos hacemos responsables de las consecuencias, regresando el ejemplo del inicio, el que repruebes o apruebes un examen no tiene que ver con Diosito, es en medida de lo que hayas estudiado. Y así en todo, sin embargo tenemos que ser maduros y crecer.


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