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¿Sabes quién fue el primero que hizo su agosto?Domingo, 3 de Agosto de 2014 01:52 a.m.
¿Qué hacíamos aquella mañana en esa tienda?, no lo recuerdo. Pero mi hermano y yo veíamos una vitrina en la que se exhibían paquetes que contenían cuatro peines de diferente forma y tamaño.

Los ofrecían al precio especial de $1.25 pesos, “están baratos, hasta para venderlos”, dijo mi hermano; y diciendo y haciendo, juntamos capitales y compramos cuatro paquetes, los que, en un santiamén, vendimos a $2 pesos. Fuimos por más e igual de rápido los vendimos, el ciclo se repitió varias veces. Al caer la tarde, ya con un capital significativamente acrecentado, se nos acabó el negocio porque los peines se habían agotado… “¡Vaya, se ve que hicieron su agosto muchachitos!”, dijo divertido el dueño de la tienda. Ese día fue inolvidable porque, a mis 10 años, tuve la primera experiencia de negocio y además conocí esa frase de la que hoy  escribo.

Bueno, también porque nunca antes, tantos habitantes del pueblo habían estrenado peine el mismo día.

En origen, el dicho medieval era “hacer su agosto y su vendimia”, exaltando los dos momentos más esperados del trabajo agrícola. En tierras españolas, agosto era el  mes para recoger la cosecha de cereales y, por eso, “hacer el agosto” pasó a significar “obtener grandes beneficios”. La vendimia es la recolección de la uva, que en aquellas tierras se deja para septiembre, y sí, otro momento de capitalizar el esfuerzo invertido. Aquí la palabra vendimia, nada tiene que ver con vender, viene del latín “vindemia” que literalmente significa “recoger el fruto de la viña”. Bueno, pero, ¿quién fue el primero que hizo su agosto?... Esa es otra historia.

Por muchos años, el calendario romano tuvo 10 meses de 36 días: el año empezaba en marzo, mes dedicado al peleonero dios Marte; le seguía abril, que tomó nombre de aperire que en latín es abrir, en alusión a que en este mes se abren las flores y la vida despierta de su letargo invernal. Después mayo, dedicado a la diosa Maya; en este mes, las chicas romanas salían a las calles vestidas de blanco haciendo ofrendas de flores y cánticos para pedir a esta diosa por su fertilidad. Al imponerse la religión católica, este rito se convirtió en ofrenda de flores a la Virgen María.

Luego junio, mes dedicado a la diosa Juno, patrona de la maternidad. El resto de los meses tomaron nombre del número ordinal que les correspondía, dicho en castellano, eran: quinto, sexto, séptimo, octavo, noveno y décimo. Esto explica los nombres que quedaron para septiembre, octubre, noviembre y diciembre.

Al ser 10 meses de 36 días, el año era de 360 días, así que para compensar lo que les faltaba, se echaban cinco días de pachanga a los que llamaban fiestas  saturnales.

Aún así, su calendario no era exacto. Tratando de mejorarlo, el emperador Julio César promovió una reforma agregando dos meses: enero, dedicado a Janos, dios de las transiciones, y febrero, mes de las purificaciones que tomó nombre del latín februa, que significaba “purificar”. Entonces, los meses fueron en forma alternada de 31 y 30 días. Esto daba 366, por eso le quitaron uno a febrero que quedó de 29.

Además, aprovechando el cambio, el emperador se tomó para sí el mes quinto y le puso su nombre: julio.

Murió Julio Cesar y lo sucedió su hijo adoptivo, Cayo Julio César Octaviano, que fue designado emperador con el título de Augustus: “El consagrado por los augures (sacerdotes romanos que auguraban el porvenir según el vuelo de las aves)”. Pues resulta que el señor no quería sentirse menos que su padre y también reclamó su mes.

Para que no hiciera berrinches, el senado le concedió el capricho y así el mes sexto pasó a ser Augusto (ahora agosto). ¡Ah!, pero, ¡cómo que su mes iba a tener 30 días, si el de Julio tenía 31!, y como del árbol caído todos hacen leña, otra vez febrero fue la víctima, le arrancaron otro día y se lo dieron a agosto. Así fue que agosto le robó un día a febrero, y así fue que Cayo Julio César Octaviano… literalmente, fue el primero que hizo su agosto.

Twitter: @harktos

ARTURO ORTEGA MORÁN: Investigador en asuntos del lenguaje.
Escritor, columnista y conductor de radio. Tiene obsesión por arrancarle
secretos a las palabras para luego ir con el chisme.
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