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Clima
Rumbo y Destino Por: P. Alejandro Ortega Trillo Alejandro Ortega TrilloSábado, 23 de Mayo de 2020 00:00 a.m.

En tiempos de crisis, lo crucial es no perder el rumbo. La vida sigue su curso y quienes, a pesar de todo, mantienen la mirada en un destino fijo, tarde o temprano, llegarán. 

Ayer tuve la fortuna de remar un par de horas en un kayac por el cauce de un río. Corría viento y el río no estaba quieto. Pero pude constatar cómo, poniendo la mirada en un punto fijo y procurando mantener la proa orientada hacia ese punto, a pesar del viento, las corrientes y mi propia inexperiencia con los remos —que hacían virar continuamente el kayac a izquierda o derecha— siempre llegué a ese punto. 

Navegar es una excelente metáfora de la vida; pues ésta se parece mucho al mar por su transitoriedad, inestabilidad, riesgo y oportunidad. Como en la navegación, no hay mayor ciencia en la vida que fijar un rumbo y un destino, ni mayor destreza que conservarlos. 

La vida humana tiene un destino: la eternidad. Bien visto, nuestro destino no está adelante de nosotros, sino arriba; nuestro mar no es horizontal, sino vertical. Cruzarlo supone crecer; pero no sólo en edad, sino también en sabiduría, sentido y aprovechamiento. Sabiduría para reconocer su transitoriedad; es decir, para convencerse de que en esta vida nadie puede instalarse, sólo navegar; y que es posible atracar en la otra orilla cuando menos lo pensamos. Sentido para no perder el rumbo, a pesar de las momentáneas desviaciones que experimentamos. El kayac, como toda pequeña embarcación, es inestable. La clave está en corregir y corregir y volver a corregir el rumbo, cuantas veces sea necesario, para recuperar la orientación al destino prefijado. Por último, navegar supone un alto empeño de aprovechamiento, tanto para remar como para aprovechar el viento. En la vida, como en el mar, los vientos suelen ser caprichosos. El buen navegante sabe aprovecharlos todos, desplegando velas y orientándolas de manera que hasta el viento contrario le ayuda a avanzar. Pero esto supone saber a dónde se quiere llegar; pues, como bien se ha dicho, "nunca habrá viento a favor para quien no tiene rumbo ni destino".

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