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¿Réquiem por las humanidades? Por: Samuel Rodríguez El Despertar de la MiradaJueves, 5 de Noviembre de 2020 04:00 a.m.

¿Réquiem por las humanidades? Espero que no. Sin embargo, hoy sentimos en carne propia el papel indigno y secundario que la sociedad le otorga a las humanidades. Lo sentimos cuando nos dejamos colonizar hasta las últimas consecuencias por un entramado de publicidad que sutilmente nos trasforma en mercancía. Sentimos ese desfallecimiento cuando no logramos articular el malestar que nos habita por estar adorando a opresores políticos que cada día afloran con mayor fuerza recordando a los peores dictadores del siglo pasado.

El fracaso social es en gran medida consecuencia de los planes maquinales de parte de las academias por colocar al individuo en un papel utilitario que en apariencia le haría obtener un mayor nivel de vida apuntalado exclusivamente en el consumo. No medimos el riesgo de reducir las capacidades lingüísticas, reflexivas y espirituales de toda una sociedad. Entre todos hemos generado una sociedad distópica, indeseable y sumamente cruel, no atinamos a darnos a nosotros mismos una respuesta ante tanta confusión.

Las humanidades han indagado en el valor de la vida, se han cuestionado sobre los estados de desesperación que surgen a partir de un siglo tan arrasador como el pasado; sin embargo, la poca exploración histórica y la falta de herramientas conceptuales han provocado una falta de profundidad reflexiva digna de una sociedad destinada a continuos apocalipsis. Es verdad que vivimos en un mundo desquiciado que no reconoce el origen de sus propios males, aun así, hay mentes valientes que se han dedicado a anunciar que el fin de las humanidades provocaría un mundo aún más indeseable que el que ya tenemos. Es urgente que defendamos nuestro derecho a pensar y a pensarnos, que otorguemos al artista espacios para lanzar su visión sobre la realidad casi desahuciada en la que precariamente operamos. Es fundamental que las humanidades nos enseñen a combatir a quienes se autonombran salvadores del mundo, dueños de la verdad o heraldos de los dioses.

Ante la pregunta de ¿para qué sirve la filosofía?, el pensador Gilles Deleuze explica lo siguiente: "Cuando alguien se pregunta para qué sirve la filosofía, la respuesta debe ser agresiva, ya que la pregunta se tiene por irónica y mordaz. La filosofía no sirve al Estado ni a la Iglesia, que tienen otras preocupaciones. No sirve a ningún poder establecido... Sirve para detestar la estupidez. Hace de la estupidez una cosa vergonzosa. Sólo tiene ese uso: denunciar la bajeza del pensamiento bajo todas sus formas. ¿Existe alguna disciplina, fuera de la filosofía, que se proponga la crítica de todas las mistificaciones, sea cual sea su origen y su fin?...Hacer del pensamiento algo agresivo, activo y afirmativo. Hacer hombres libres; es decir,  que no confundan los fines de la cultura con el provecho del Estado, la moral o la religión. Combatir el resentimiento, la mala conciencia, que ocupan el lugar del pensamiento. Vencer lo negativo y sus falsos presagios. ¿Quién a excepción de la filosofía se interesa por todo esto? ... La estupidez y la bajeza serían aún mayores si no subsistiera un poco de filosofía que, en cada época, les impide ir todo lo lejos que querrían"

A partir de esto podemos concluir que las humanidades quizá no son la voz del espíritu, sino de la carne herida que desea conquistar su libertad a cada instante.  De continuar así, dentro de no mucho tiempo empezaremos a amar a nuestros opresores.

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