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Relaciones inconclusas Domingo, 10 de Marzo de 2019 00:57 a.m.

Un colega mío, un terapeuta clínico, comparte esta historia: una mujer acudió a él con una angustia considerable. Su esposo había muerto recientemente de un ataque al corazón. 

Su muerte había sido repentina y en el momento más inepto. Habían estado felizmente casados   durante treinta años y, durante todos esos años, nunca habían tenido una crisis importante en su relación. El día en que murió su esposo, ellos habían tenido una discusión sobre algo muy insignificante y se había desarrollado hasta el punto en que empezaron a decirse algunas malas y cortantes palabras entre ellos. En un momento, agitado y enojado, su esposo salió de la habitación, le dijo que iría de compras y luego murió de un ataque al corazón antes de llegar al auto. Comprensiblemente, la mujer quedó devastada por la repentina muerte de su cónyuge, y también por ese último intercambio. ‘‘Todos estos años’’, se lamentó, ‘‘tuvimos esta relación amorosa y luego tenemos este argumento inútil sobre nada y ¡termina siendo nuestra última conversación!’’

El terapeuta comenzó diciendo algo parcialmente humorístico. Él dijo: “¡Qué horrible por parte de él que le haya hecho eso! ¡morir justo en ese momento!”. Obviamente, el hombre no había tenido la intención de morir, sin embargo, el momento era de hecho terriblemente injusto para su esposa, ya que la dejaba con una culpa que aparentemente era permanente sin una vía aparente para la resolución.

Sin embargo, después de esa apertura, el terapeuta le preguntó: ‘‘Si usted recuperara a su esposo durante cinco minutos, ¿qué le diría a él?’’. Sin dudarlo, ella respondió: ‘‘Le diría cuánto lo amaba, cómo fue bueno para mí durante todos estos años, y cómo nuestro pequeño momento de enojo al final fue un segundo sin sentido que no significa nada en términos de nuestro amor’’.

Luego el terapeuta dijo: “Eres una mujer de fe, crees en la comunión de los santos; Bueno, tu esposo todavía está vivo y presente para ti, así que, ¿por qué no le dices todas esas cosas a él ahora mismo? ¡No es demasiado tarde para expresarle todo a él!’’

Él tiene razón. ¡Nunca es demasiado tarde! Nunca es demasiado tarde para decirle a nuestros seres queridos fallecidos lo que realmente sentimos por ellos. Nunca es demasiado tarde para disculparse por las formas en que pudimos haberlos lastimado. Nunca es demasiado tarde para pedirles perdón por nuestra negligencia en la relación, y nunca es demasiado tarde para decir las palabras de agradecimiento, afirmación y gratitud de que deberíamos haber hablado con ellos mientras estaban vivos. Como cristianos, tenemos el gran consuelo de saber que la muerte no es definitiva, que nunca es demasiado tarde.

Y necesitamos desesperadamente ese consuelo particular ... y esa segunda oportunidad. No importa quiénes seamos, siempre somos inadecuados en nuestras relaciones. No siempre podemos estar presentes ante nuestros seres queridos como deberíamos, a veces decimos cosas con enojo y amargura que dejan cicatrices profundas, traicionamos la confianza de muchas formas y, en su mayoría, carecemos de madurez y confianza en nosotros mismos para expresar la afirmación que deberíamos estar transmitiendo a nuestros seres queridos. Ninguno de nosotros está completamente a la altura. Cuando Karl Rahner dice que ninguno de nosotros experimenta la ‘‘sinfonía completa’’ en esta vida, no se está refiriendo solo al hecho de que ninguno de nosotros jamás realice su sueño por completo, sino que también se refiere al hecho de que en todas nuestras relaciones importantes ninguno de nosotros está completamente a la altura.

Al final del día, todos nosotros perdemos a nuestros seres queridos de manera similar a como esa mujer perdió a su esposo, con asuntos pendientes, en un mal momento. Siempre hay cosas que deberían haber sido dichas y no lo fueron, y siempre hay cosas que no deberían haber sido dichas y fueron dichas.

Sin embargo, ahí es donde entra nuestra fe cristiana. No somos los únicos que nos quedamos cortos. En el momento de la muerte de Jesús, prácticamente todos sus discípulos lo habían desertado. El momento aquí también fue muy mal momento. El Viernes Santo fue malo mucho antes de que fuera bueno. Más, y este es el punto, como cristianos, no creemos que siempre habrá un final feliz en esta vida, ni que siempre seremos adecuados en la vida. Más bien, creemos que la plenitud de la vida y la felicidad nos llegará a través de la redención de lo que ha salido mal, sobre todo con lo que ha salido mal debido a nuestras propias deficiencias y debilidades.

G. K. Chesterton dijo que el cristianismo es especial porque en su creencia en la comunión de los santos, ‘‘incluso los muertos tienen voto’’. Obtienen más de un voto. Aún escuchan lo que les estamos diciendo.

Entonces ... si ha perdido a un ser querido en una situación en la que todavía quedaba algo sin resolver, en la que todavía había una tensión que se necesitaba serenar, en la que debería haber estado más atento o en la que se sintió mal porque nunca expresó adecuadamente la afirmación y el cariño que usted tenia, sepa que no es demasiado tarde. ¡Todavía se puede hacer todo! 


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