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Realidades Por: Armando Arias Hernández Armando Arias HernándezMiércoles, 5 de Febrero de 2020 02:00 a.m.

Los signos son objeto de estudio de una rama de la filosofía conocida como semiótica, palabra derivada el griego semeion, que quiere decir signo.

De acuerdo al diccionario filosófico de Rosenthal y Iudin, la semiótica se ocupa del estudio comparativo de los sistemas de signos, desde los sistemas de señalización más sencillos hasta los lenguajes naturales y los lenguajes formalizados de la ciencia para transmitir una comunicación o expresión, para comunicar, es decir, hacer posible que el lector comprenda una comunicación transmitida y también la de inducir a la acción, influir emotivamente.

En cualquier caso, esta rama de la filosofía si bien se gesta en el terreno de las ideas, se nutre en el terreno de las cosas reales. El concepto de realidad hace referencia al reino de las cosas, en donde se manifiesta la existencia, lo verdadero porque existe. Los signos naturales encierran significados que llevan a la conceptualización y estimulan la acción de quien los percibe, son usualmente universales y se conocen de forma empírica.

Cuando vemos nubes oscuras sabemos que lloverá, o al menos que por experiencia la mayor parte de las veces que las hemos visto en el cielo son signo que precede a la lluvia, y en consecuencia actuamos refugiándonos o alejándonos tal vez. Cuando vemos humo suponemos que hay fuego y el proceso se repite. Todo aquello ocurre realmente, es verdadero y coincide con nuestra existencia, por eso es importante.

A lo largo de la historia y en concordancia con las ciencias hemos traducido signos y señales manifiestas en la realidad para crear métodos y escalas de medición de las mismas, que hacen más claros los significados y se convierten en información útil para tomar decisiones. Un ejemplo cotidiano es el relacionado a la medición de las condiciones climáticas, la nubosidad, la visibilidad, la temperatura, la humedad, la velocidad del viento, sólo por mencionar algunas, tienen sus propias escalas que significan algo y permiten la comunicación de datos convertidos en información que es útil para quien las conoce, y permite que, si están basadas en la realidad, se puedan tomar decisiones en consecuencia. En la medicina se han creado escalas de medición útiles, incluso para conocer el nivel de salud de un recién nacido, de ahí la escala de Apgar, por ejemplo. Quien mide su presión arterial sabe de la importancia de lo que significa para su propia salud, al igual que sus niveles en sangre y orina o sus escalas aplicadas a la medición de los niveles de glucosa.

En las organizaciones se miden factores a través de escalas convenidas para conocer mejor su situación en ámbitos distintos como el financiero, el contable o el cultural. En los países también hay escalas convenidas que miden la realidad desde distintos ángulos, la competitividad, el Producto Interno Bruto, el nivel de pobreza, el nivel de educación y otros tantos más.

Resulta por lo menos anecdótico que alguien que pretende subsistir de forma exitosa en su vida desconozca los signos y las escalas que miden la realidad que le rodea sin que esto tenga un impacto en su vida. Quien no conoce su estado de salud por miedo a confrontar una situación adversa no hace que esta desaparezca, simplemente decide no reaccionar ante ella aunque la realidad permanece.

Quien intenta burlar o engañar las medidas de su realidad falseando información o maquillándola, no transforma la realidad, sino su forma de expresarla alejándola de la veracidad. Quien además hace que otros crean ese reflejo inventado de la realidad miente y quien además de mentir se cree sus mentiras transita por estados de desconexión acaso patológicos con la realidad en donde existe.

Sentirse bien aunque el baumanómetro marque niveles de presión alarmantes no goza de buena salud, vive en una realidad alterna, si es que esto es posible, pero se rige por las consecuencias de la única realidad de su existencia, por algo llaman a la hipertensión el asesino silencioso. Quien dice que estar bien a pesar de que las métricas convencionales dicen lo contrario en cualquier ámbito es suficiente para continuar por el mismo camino debe hacer un alto y verificar sus métricas a pesar de sufrir al hacerlo, porque descalificarlas no hace que la realidad se modifique o desaparezca lo que estorba.

Bienestar sin crecimiento en la economía de un país es tan inconexo con la realidad como tener altos niveles de glucosa y gozar de larga vida y salud al hablar de una persona.

Que alguien lo repita hasta convertirlo en verdad aparente es otra cosa de la que estamos sufriendo consecuencias todos los días en el mundo.

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