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¿Quién dijo que todo está perdido? Por: Samuel Rodríguez El Despertar de la MiradaJueves, 24 de Diciembre de 2020 02:00 a.m.

El título pertenece a una de las canciones que hicieran mundialmente famosa a la gran cantante argentina Mercedes Sosa. La canción es en realidad un canto potente y necesario a algo que aparece siempre en el fondo de las crisis. La canción es un canto a eso que se llama esperanza y resistencia y que hoy no sabemos muy bien de qué se trata.

ercedes Sosa vivió una era terrible, quizá peor que la nuestra. La dictadura argentina arrasaba todo a su paso. Documentos oficiales hablan del secuestro y muerte de más de 40,000 personas en ejecuciones extraoficiales que aún hoy cimbran la memoria de los pueblos. Lo mismo en Chile, Perú, Brasil, Uruguay o México. De tal manera que, cuando una persona que sufrió persecución y vio morir a sus amigos de esa manera nos dice que no todo está perdido, habrá que creerle.

"Como un documento inalterable, hoy vengo a ofrecer mi corazón", dice otra parte de la canción. Es verdad, las crisis desocultan el corazón, lo hacen visible en toda su fuerza y en toda su fraternidad también. Es en las crisis que cae el matiz de la sociedad y nos vemos forzados a revelar nuestro verdadero rostro. El poeta y dramaturgo inglés William Shakespeare dice que estamos hechos de la misma materia que nuestros sueños. Las crisis hacen evidentes ese material, asistimos entonces a la derrota de la humanidad, de esa humanidad que nos arrastra en su avaricia o en su odio infinito, o en su miseria rampante que nos descoloca siempre y hace de la vida un sitio del horror. Pero también, en medio de ese escándalo de miserias aparece lo que hace la vida digna de ser vivida, aparece la música de Mozart y la mirada de Mandela, aparece el valor de Bertha Cáceres y la furia indómita de autores como Nietzsche, derribando los mitos más dañinos de la historia. Mercedes Sosa tiene razón, navegamos entre la sangre del río, pero navegamos con dignidad.

Esto me recuerda a uno de los mitos más potentes de los antiguos griegos. Pandora siempre vuelve cuando nos enfrentamos a males tan intensos como el que vivimos hoy en día.

Pandora tiene mala prensa, se le ve como la que engaña, como la que arruina al mundo, sin embargo, si algo hace por nosotros este mito es que nos fuerza a enfrentar la autenticidad, que no tiene necesariamente que ser optimista.

Según la historia, al abrir la caja que fue enviada por los dioses en venganza a la audacia de Prometeo, Pandora lo que libera son los males de la humanidad que se hacen inmediatamente con la realidad: la peste, la guerra, la maldad, la enfermedad, la fatiga, los accidentes, en fin, prácticamente todo lo que vivimos en este 2020.

Los males son móviles y azarosos, no se sabe cuándo y dónde aparecerán para hacer pesada la existencia. Sin embargo, cuando Pandora por fin pudo cerrar la caja, en el fondo notó que ahí se revolvía trémula y casi imperceptible Elpis, el espíritu de la esperanza, el único bien que habitaba entre los males. Aquello que permite que la vida pueda reiniciarse, nuestro último recurso contra la pesadez de la existencia.

Esto es lo que reposa en la canción de Mercedes Sosa, la necesidad imperiosa de ir por encima de las circunstancias y que hemos llamado resistencia.

El año parece interminable, sus males se multiplican, sin embargo, nos toca aprender que esto también es la vida y que en medio de la feroz oscuridad tenemos la lumbre inapagable de la voluntad que deviene en resistencia.

¿Quién dijo que todo está perdido?

@samuelrodriguezdiciembre

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