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¡Que viene el Coco...!Domingo, 27 de Marzo de 2016 00:57 a.m.
No sé tú, pero yo de pequeño tuve como “asustaniños” de cabecera nada menos que al Cuco. Cualquier leve atentado de mi parte contra la tranquilidad ‘‘párale, porque te va a llevar el Cuco!”. Nunca me dijeron a dónde me llevaría ni cuál era el aspecto de tan siniestro personaje, pero, ni falta que hacía, mi imaginación se encargaba de darle un rostro cada vez diferente, pero siempre tenebroso y, por aquello de “no te entumas”, mejor me quedaba quietecito.

Aprovechando que ya no me asusta el Cuco, he ido en busca del pasado de este espantajo que me acompañó en mis más intensos miedos infantiles. El Cuco o Coco, como lo llaman en España –de donde es originario–, lleva siglos siendo aliado de los mayores para “educar” a los niños en sus etapas más tempranas. Ya se lo menciona en “Cancionero”, de Antón de Montoro, un texto español de 1445. En una parte dice: “…tanto me dieron de poco, que de puro miedo temo, como los niños de cuna que les dicen ¡cata el coco!…”. Si la antigua expresión castellana “¡cata el coco!” te resulta extraña, déjame decirte que significa: “¡mira al coco!”.

No contento con asustar a los niños ibéricos, el Coco cruzó el océano y presto instaló sucursales en la mayoría de los países americanos. Fue en este continente donde, en algunas partes, nació la variante Cuco. En 1929, el investigador cubano Fernando Ortiz propuso la interesante hipótesis de que esta variante pudo ser originada por un sincretismo entre el Coco peninsular y un demonio africano del pueblo bantú llamado Kuku, que llegó a América en los barcos de esclavos. De ser así, muy justificados eran mis miedos infantiles; después de todo mi “asustaniños” de cabecera era un Coco,
¡corregido y aumentado!

Tratando de explicar el origen del nombre, encontramos que en 1611 Sebastián de Covarrubias en “Tesoro de la lengua Castellana”, dice: “Coco: En lenguaje de los niños, vale figura que causa espanto y ninguna tanto como las que están a lo oscuro o muestran color negro, de Cus, nombre propio de Can, que reinó en Etiopía, tierra de negros”.

No obstante, algunos filólogos piensan que Coco pudo derivarse del griego kakos, que significa malo y deforme. En la mitología griega, Kakos era un gigante mitad hombre y mitad sátiro, que devoraba hombres y vomitaba torbellinos de fuego. Además tuvo la osadía de robar el ganado del mismo Hércules, de esa leyenda ha quedado que hoy a los ladrones los llamemos ‘‘cacos’’.

Otro logro del Coco es haber, de alguna manera, dado su nombre al fruto tropical de la palmera. En 1526, Gonzalo Fernández de Oviedo, en “Sumario de la natural y general historia de las Indias”, escribió: “El nombre de coco se le dixo porque aquel lugar por donde está asida en el árvol aquesta fructa, quitado el peçón, dexa allí un hoyo, y encima de aquél tiene otros dos hoyos naturalmente, e todos tres, vienen a hazerse como un jesto o figura de un monillo que coca, e por esso se dixo coco”.

Aclaro que la ortografía es del castellano viejo, donde cocar o hacer cocos, era hacer gestos feos para espantar, como seguro lo haría el Coco.

¿Seguirá asustando este espantajo? No sé, ya está viejo y los niños de hoy ya no son tan ingenuos. Además, es perseguido ferozmente por las nuevas corrientes educativas. A pesar de todo, no sería extraño que cuando los nuevos padres enfrentan los berrinches de los pequeños, muy allá en el fondo, se sientan tentados a solicitar los serviciosdel viejo Coco.
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