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Que sigo de cerca tus pasos Sábado, 16 de Febrero de 2019 03:12 a.m.

Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump escogieron el día de ayer para jugase dos importantes cartas en su modo de hacer gobierno en México y Estados Unidos.

López Obrador anunció el plan de salvamento de Pemex con transformaciones en el trato financiero que el gobierno le da a la más importante empresa del país. Unos $75,000 millones de pesos entre capitalización, monetización de pagarés y reducción de impuestos se ocuparán en esa tarea. La mayor tajada de ese monto, $35,000 millones de pesos, va ir a pagar pensiones. La reducción de la carga fiscal debiera reflejarse de inmediato en la reducción de los precios de las gasolinas al público, cosa esperada desde la campaña electoral por todos los mexicanos. 

Donald Trump va a enfrentar una oposición judicial enorme a su decisión de establecer el estado de emergencia en los Estados Unidos para hacerse de los $5,000 millones de dólares que el Congreso no le quiere dar para que haga su famoso muro en la frontera con México. Nuestros vecinos tienen dos siglos de tradición de que el uso de los dineros del erario pasen por la decisión del Congreso. Trump está pidiendo alrededor del 10% de lo destinado al Departamento de Seguridad Nacional, que son $49,000 millones de dólares.

Hay una extraña similitud en el modo personal de gobernar de estos dos mandatarios: ambos son autoritarios, tercos y radicales en la condena de todo aquel que no piense igual que ellos y exprese puntos de vista opuestos. Para Trump se trata de fake news difundidas por medios calificados de inmediato como mentirosos. En México es la prensa fifí, que merece un día sí y otro también la condena presidencial en su espectáculo matutino televisado en cadena nacional prácticamente. El presidente López ha ido más allá al denunciar una “mafia” en la que se han unido los miembros de la comunidad científica nacional, que se han atrevido a cuestionar dos nombramientos en la Conacyt por la escasa preparación de dos altos funcionarios que acabaron fuera del presupuesto.

A partir de los mensajes que en Twitter coloca, cotidianos y tempraneros, el presidente de los Estados Unidos machaca incesantemente  sobre su obsesión que es el muro de la ignominia en nuestra frontera. En los monólogos mañaneros de lunes a viernes que él mismo conduce y modera, López establece la agenda de lo que se va a hablar en el día; su obsesión es que todo, pero absolutamente todo, lo que se hizo en México antes del primero de julio de 2018 fue basura, producto de corrupción, saqueo y cinismo y que con el cambio de administración todo esto ha cambiado ya como por arte de magia. Los dos comparten además un intenso nacionalismo aislacionista. America First, dice Trump; López pide que todo lo que el país consume sea producido por el país: Mexico First, si queremos traducir.

Mi abuela decía ¿con qué ojos, divina tuerta?

PILÓN.- Durante los últimos años la medición de la opinión pública vía encuestas y las llamadas redes sociales en Internet han cobrado una importancia a veces desmedidamente exagerada. Muestras van y muestras vienen en las que nos dicen cómo pensamos y qué queremos. A mí, salvo Mitofsky ocasionalmente, nadie me ha pedido mi opinión para encuesta alguna. Tampoco conozco a nadie que haya sido consultado. Quinientas o mil llamadas telefónicas establecen que el 80% de todos los mexicanos consideran que López Obrador está haciendo un gran trabajo. El trabajo en muestras pequeñas que se extrapolan al cuadro nacional suele ser engañoso.

Al final de cuentas, mentiroso. 

En las llamadas redes sociales, desde que se hizo el primer anuncio sobre la cancelación de las obras del aeropuerto internacional de la Ciudad de México, abundaron mensajes haciendo ver la torpeza de la medida, el costo económico que conlleva y el enorme perjuicio que a la economía nacional causaba esta decisión estrictamente presidencial. En los días que corren, las redes sociales abundan en mensajes al presidente López de que reconsidere la medida de suspender el apoyo a las estancias infantiles para –demagógicamente– entregar suma menor directamente a los padres y madres de familia de los educandos.

No ha pasado nada; ni pasará. Los viajeros que vengan a la Ciudad de México tendrán que volar a Toluca, Hidalgo, Santa Lucía o a un parchado aeropuerto Benito Juárez. Los hijos de las madres solteras que trabajan y dejaban a sus niños en las estancias, se pasaron a joder. Redes sociales o no.
Es que los niños no votan.

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