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Clima
Que se pare la bolaDomingo, 20 de Noviembre de 2016 01:23 a.m.

Sí, que se pare la bola porque hoy vamos a hablar de ella. Cuenta la leyenda que en 1911, cuando Porfirio Díaz iba ya rumbo al exilio, pronunció una frase con tintes proféticos: “Madero ha soltado el tigre, a ver si puede domarlo”.

No cabe duda de que más sabe el diablo por viejo que por diablo, porque, en efecto, el México bronco y salvaje se desató y generó un torbellino social que duró más de una década, acabando con la vida de más de dos millones de personas, entre ellas, la del mismo Francisco Ygnacio Madero (no Indalecio, como a muchos nos dijeron en la escuela).

A este episodio de la historia que por tantos años enfrentó a mexicanos contra mexicanos, hoy lo llamamos Revolución Mexicana, pero quienes lo vivieron, preferían referirse a él como “la bola”, y es en esta palabra en la que hoy nos vamos a enfocar.

Todo empieza con una primitiva voz que debió sonar algo así como *beu (hinchar, inflar). De ahí surgieron palabras como boca, por aquello de que se infla cuando la llenamos de aire; en catalán buc ´vientre´, por la abundancia de panzas que parecen globos inflados y, por semejanza, se acuñó la palabra ´buque´ para nombrar a un tipo de navío de casco voluminoso.

En latín, esta raíz dio origen a bulla ´burbuja´, y de ahí, por similitud geométrica, también llamaron así a todo objeto esférico, aunque luego se dijo bula de donde en castellano se dijo bola.

Ustedes habrán observado que cuando el agua empieza a hervir se forma una burbuja, luego dos, después diez y acaban siendo muchas que con su movimiento frenético dan la idea de confusión. A este punto del agua lo llamamos ebullición, porque es cuando se generan bullas, es decir, burbujas.

Estas bullas inquietas y ruidosas, han generado palabras como bullicio ´ambiente de mucho ruido y alboroto´; bulla que es ´gritería´, aquí recuerdo que antes, cuando se burlaban de nosotros, nos quejábamos de que nos ´hicieron la bulla´. También, en algunos pueblos, todavía dicen ¡búllele!, para animar a alguien a que se mueva rápido, como las burbujas en el agua, para terminar pronto alguna tarea; por cierto, no sé si siga vigente, pero a mí me tocó oír la forma distorsionada ¡búigale!

La palabra bola también se usa en este sentido, por ejemplo cuando frustrados por no poder resolver una situación, decimos que estamos hechos bola, es decir, confundidos. Para referirnos a una multitud de personas, decimos “bola de gente” o “pelotera”, después de todo, una pelota es también una bola. Por asociación con estos conceptos, confusión y multitud, la Revolución Mexicana pasó a ser “la bola”, una masa de personas en movimiento caótico y destructivo. Relacionado con esto, se dice que fue en tiempos revolucionarios cuando, para responder a la pregunta sobre quien había sido el responsable de tal o cual desmán, para no comprometerse, la gente, encogiéndose de hombros, solía responder… ¨sepa la bola”.

De la familia también es bula, que entre los romanos primero fue una esfera metálica hueca que se colgaba del cuello de los niños. En ella se guardaban pequeños amuletos para proteger a la criatura de las malas influencias. Ese mismo nombre tomó el sello que pendía del cuello del papa y que este usaba para autentificar sus decretos, dispensas u otras voluntades expresadas en un papel. Con el tiempo, de ahí nacerían las palabras boleta (casi buleta), boleto y en Francia billete. En todos los casos, papeles con un sello que autentificaba el valor que representaban.

Para rematar, por la bola de algodón que usaba el lustrador de zapatos para aplicar la cera o betún, se dijo “dar bola” a los zapatos y a quien tenía este oficio, se lo llamó bolero.

Pues ya ven, gran historia la que nos ha regalado esta palabra, vale entonces pedir que se pare la bola… para que así, en bola, le demos un fuerte aplauso.

cayoelveinte@hotmail.com

Twitter: @harktos


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