OpenA
icon_facebookicon_twittericon_linkedinicon_instagram
icon_busqueda
Logotipo El Horizonte
Monterrey, NL
Clima
¿Qué llevas cargando? Por: Javier Gutiérrez El momento presenteMartes, 16 de Febrero de 2021 02:00 a.m.

Hay un cuento clásico de la tradición zen que describe a dos monjes, uno joven y uno mayor, que van caminando por el bosque camino al monasterio, mientras avanzan con pasos conscientes, escuchan los ruidos de la naturaleza que les rodea y entre los sonidos destaca el correr del agua de un río que se encuentra unos metros adelante.

Llegando al río, el cual era medianamente profundo se encontraba una joven que quería atravesarlo, pero al no saber nadar, temía que la corriente la llevara, ante eso, el monje mayor al ver el apuro de la chica se ofreció a cargarla para pasarla a la otra orilla, ante lo que el monje joven quedó atónito. Ella aceptó y el monje le ayudó a atravesar la corriente bajándola al otro lado.

La joven se fue agradecida por la buena obra de aquel monje budista, mientras ellos siguieron su camino. Después de un par de horas de seguir caminando, el monje mayor notó que su compañero había cambiado su rostro, de una paz habitual a una mueca de contrariedad y angustia.

Al notar esto e interesado por el bienestar de su compañero le preguntó: ´Hermano, qué es lo que te pasa, te noto angustiado y contrariado´. El monje joven con cierto desánimo le contestó: ´Me siento sumamente incómodo, porque si tú bien sabes que los monjes no debemos ver a las mujeres, mucho menos hablarles, y muchísimo menos cargarlas... ¿Por qué entonces cargaste a esa mujer?

Ante esta pregunta el monje mayor le contestó tranquilamente: ´Pero hermano, yo ya la bajé hace dos horas... ¡pero tú la sigues cargando!

Y así mismo, como ese joven monje ¿cuántas experiencias desfavorables llevamos cargando en nuestra mente que nos restan ligereza y plenitud?, si bien es cierto, que es muy útil recordar situaciones pasadas desfavorables, para evitar en la medida de lo posible volver a vivirlas; de manera lamentable, sucede muy frecuentemente que las recordamos no para aprender de ellas, si no para machacarnos nuestros errores.

Lo que nos resta felicidad, satisfacción y autoestima, por lo que tal vez, valdría la pena detenernos un momento y reflexionar si con todo eso que hoy quisiéramos que fuera diferente pero que como sabemos no podemos cambiarlo, podemos ya soltarlo.

Evitando perdernos en el discurso mental repetitivo que lo despierta. Si recuerdas algo desagradable o indebido en lo que te viste involucrado, sólo considera qué daños se ocasionaron con ello, y si puedes repararlo total o parcialmente, hazlo de acuerdo con tu posibilidad.

Y si no es posible, sólo trata de comprometerte contigo mismo a no volver a realizar dicha acción u omisión ya que has aprendido lo necesario. Hasta el siguiente momento presente. 

OpenA