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Puro chisme (2) Por: Armando Arias AmbulandoMiércoles, 15 de Julio de 2020 00:00 a.m.

El de esta columna es un tema calificado por algunos como simpático y por otros como perverso y pecaminoso, seguramente por la experiencia que han tenido con este de una o de otra forma, como practicantes o como sujetos del chisme.

Lo cierto es que esta práctica, poderosa y efectiva, se da entre personas que socializan y buscan prosperar desde el inicio de lo que conocemos como vida social en nuestro planeta y ha sido estudiada por profesionales en diferentes disciplinas. Frank McAndrew, profesor de Psicología en Knox College en Galesburg, Illinois, ha dicho que chismear es fundamental para quien intenta conocer a los demás que han sido exitosos para aprender de ellos y prosperar. 

La fascinación del público por la vida privada de los famosos en el mundo del espectáculo, de la política, del deporte o de la vida empresarial, se basa precisamente en satisfacer la curiosidad para aprender de esos modelos de comportamiento de lo que, a los ojos de la cultura en donde se vive, es una persona de éxito. Esto explica el tiempo, las páginas y el espacio dedicado a estos temas que son negocio para quien participa de ellos y los publica. 

La llegada de esta nueva era digital ha puesto un elemento más para potenciar la comunicación entre las personas, volviéndola virtualmente instantánea, libre e inmensa, masiva y viva, entre otros calificativos. Los llamados influencers que se han convertido en parte del proceso de toma de decisiones para quien los sigue, ocupan un sitio importante en el sistema de comunicación actual y son usados por cualquiera que desee comunicar al mundo un mensaje, para vender, para convencer, para motivar un comportamiento o para sembrar una idea. 

Estos nuevos influencers son los nuevos famosos, y en consecuencia, los nuevos ricos; se han venido posicionando en los escaparates digitales, en las redes sociales, a un lado de los medios electrónicos. En dichos escaparates los puede ver el público que busca ejemplos y líderes, público que busca las características que hagan que aquellos influencers se identifiquen con ellos, por su estilo, por su forma de comunicarse, su afición, su maquillaje, preferencia, práctica sexual, pasatiempo, tendencia política, cultural etcétera. 

Hay influencers que tienen sustento auténtico y ostentan una bandera que merece la pena, pero también hay muchos que simplemente hacen llegar a más gente la basura que tienen dentro. Con todo esto, y lo que ya venía ocurriendo, se han puesto las condiciones para que el chisme y el murmuro sean exponenciales, para bien o para mal. 

La buena fama es un derecho natural de las personas que, deben considerarse buenas a menos que se demuestre que son malas y que se manifiesta en la opinión pública que tiene sobre la excelencia de alguien. El honor es el testimonio de otro sobre la excelencia de una persona. Estos dos conceptos intrínsecos son de gran valor e importancia para cualquiera y afectan su relación con el entorno y con sus semejantes en todos los ámbitos de su existencia, pero también inciden en su interior, en sus emociones, en su personalidad, en su espíritu. 

Se han clasificado a las formas de atentar contra la buena fama como difamación, murmuración, calumnia, y se atenta contra el honor con la contumelia. El chisme puede ser el conducto por el que se juzga a una persona, afectando con esto su derecho a la buena fama, y las redes sociales son el medio para que el chisme resuene lejos y fluya entre muchos. Las consecuencias de los juicios a los que son sometidas muchas personas, con fundamento o sin el, son graves y notorias y han adquirido dimensiones extraordinarias con la ayuda de las redes sociales. El manejo correcto de la comunicación humana se fundamenta en los valores y la integridad de quien participa de ésta.

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