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Pueblo indolente, gobierno blandenguePor: Andrés Vásquez Opinión y PropuestaJueves, 7 de Enero de 2021 02:00 a.m.

Desde el surgimiento del Covid-19, el subsecretario de Salud, Hugo López-Gatell Ramírez, ha sido necio al insistir sobre la importancia de que los mexicanos nos quedemos en casa, a fin de romper la cadena de contagios. Más allá de la incongruencia personal que representó el hecho de que hace unos días fuera captado vacacionando en una playa y sin las medidas mínimas de precaución, el hecho constituye un botón de muestra sobre los tumbos que ha dado el gobierno federal en el manejo de la pandemia.

Sabemos que el principal problema que enfrentan los gobiernos del mundo es encontrar una estrategia que por un lado proteja la salud de las personas y al mismo tiempo permita el mejor desarrollo de las actividades económicas. Por ello es que vemos cómo, en general, los gobiernos aprietan por un lado y aflojan por otro. Es decir, por temporadas alternadas confinan a los ciudadanos, buscando reducir el número de contagios y el colapso de sus sistemas sanitarios, y cuando éstos disminuyen más o menos a niveles manejables (no necesariamente aceptables), permiten nuevamente la movilidad de las personas… y así, se vuelve un círculo vicioso que por momentos protege la salud pública y por momentos la economía nacional. La verdad es que ningún gobierno estaba preparado para enfrentar una situación como la que vivimos, y por ello oscilan de la manera ya descrita. Con ello sólo se administran los daños en la salud y en la economía. No es una estrategia que resuelva, pero sí una que contiene. No es la mejor, pero sí es la estrategia posible de aplicar. Y aunque “no es lo mejor, pero es lo que hay” es un curso de acción que reconoce y acepta que habrá fuertes daños económicos y muchos muertos. Al momento de escribir estas líneas, casi ya 129,000, según el conteo oficial. 

Y es aquí donde el gobierno se ha equivocado más, porque reconociendo el estrecho margen de maniobra que tiene para manejar la crisis; la situación se ha tornado más complicada por sus yerros, contradicciones y falta de firmeza. Si bien es cierto que el hecho de que el presidente se ponga o no cubrebocas es intrascendente; lo cierto es que él es el líder de la nación y debe predicar con el ejemplo; lo mismo que el resto de altos funcionarios. Pero al no hacerlo, manda un mensaje contradictorio. 

Si bien es cierto, el subsecretario López-Gatell tiene derecho al descanso, lo cierto es también que ser visto sin respetar las medidas precautorias que él mismo ha aconsejado durante meses, genera una fuerte contradicción.

Y más allá del combustible político que éstos y otros dichos de los representantes del gobierno, aporten para que la oposición los señale y descalifique, la verdad es que denotan una falta de congruencia y homologación del pensamiento y de la acción al interior del gobierno. Y es precisamente dicha ambigüedad la que necesita una gran parte de la población mexicana, para todavía más justificarse en su desidia, irresponsabilidad y egoísmo, al no seguir las consabidas recomendaciones y aceptar, indiferentes, la avalancha de muertos. 

Lo deseable, sería que desde la misma Presidencia, se impulsara una fuerte reflexión que se traduzca en acciones firmes, para llevar a la población a comportarse de una manera más responsable.

Ojalá que sí.

Además opino que es necesario e importante generar políticas públicas educativas en relación al cuidado, protección y preservación del ambiente.

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