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Provocar... Por: Jaime Claudio Pérez García Ruta de ColisiónMiércoles, 20 de Enero de 2021 00:00 a.m.

El genio en algunas ocasiones se presenta en parejas, que coinciden en el tiempo dejando una huella perdurable, y no siempre colaborando, a veces en franca competencia, por ejemplo: Aquiles y Héctor (en la guerra de Troya); Leonardo y Miguel Ángel (La Gioconda y el David); Edison y Tesla; Lennon y McCartney; Octavio Paz y Carlos Fuentes; Bob Dylan y Neil Young, Steve Jobs y Bill Gates; Elon Musk y R.J. Scaringe (los autos Tesla S y  Lucid Air). Son sólo algunas dualidades que han producido o están produciendo, valor, inspiración y útiles sinergias.     

Lo notable de los grandes artistas como Picasso o Chagall es que, pudiendo dibujar o pintar a la perfección una mano, por ejemplo, la deforman según su propia visión para darle una cualidad única, ya no es sólo una mano, es una mano única. Y así, la originalidad no es un acto egoísta que busca únicamente sobresalir, es simplemente el sello personal y a veces inconsciente, de quien se manifiesta libremente, y tal vez con poca intervención del autor. Es curioso que hoy,  al comunicarnos con los emojis, estamos regresando a los tiempos de los sumerios y los egipcios, que lo hacían a base de pictogramas.       

Habiendo nacido con el gusto y la habilidad para dibujar, aún recuerdo aquel momento de  revelación y epifanía que experimenté a los 7 u 8 años de edad. Estando en el largo jardín de mi casa paterna, que por un lado era diagonal y por el otro con varias esquinas de los muros de la casa, y en el poco espacio que estaba sin sembrar, bajo el árbol de limón que plantó mi madre, de niño jugaba de rodillas sobre la tierra compactada a construir pequeñas "ciudades", en las que formaba "lomas" y ponía "carreteras" serpenteantes y "casas" alineadas a base de pequeños "ladrillos" plásticos, que eran parte de otro juego. Después de un buen rato me puse de pie, miré "la obra" y me dije: yo quiero ser arquitecto. Ese fue un despertar y una certeza que me otorgó la seguridad que hoy aún conservo, en la que el único deseo fue el ser útil haciendo lo que me gusta por el resto de mi vida, al identificar las sutilezas de un acto íntimo, consciente y espontáneo, creyendo en la utilidad de lo que se hace. Y ahora ante esta oportunidad de escribir comprendo que es lo mismo, que es como hacer arquitectura de ideas, cuyos ladrillos son las palabras que son duraderas pues se conservan en "la nube", igual que las obras de arquitectura quedan plantadas en el suelo. La ventaja de un escritor es que él es el único que puede escribir su propio final.         

Pero tal vez la figura mítica que más me impresionó en mi infancia fue el submarino Nautilus de la película 20,000 Leguas de Viaje Submarino de 1954, con el actor James Mason, y de un libro de Julio Verne. Esa imagen que hoy persiste en mi memoria, y que al intentar descubrir su misterio, incorporé en algunas obras de arquitectura. Lo que se recuerda, vive. 

La ficción puede ser tan poderosa como los hechos, si una historia está bien narrada es de gran impacto, y cuando las cosas se hacen porque sí, somos la historia que solos nos construimos, porque al asimilar lo abrumador de lo opuesto, somos la abstracción de cuando no se dan las condiciones.                       

Tal vez el  rasgo más significativo que identifica al ser humano es la necesidad de amar y ser amado. Es el motor, visible u oculto de todas las acciones que emprendemos. Y la mejor respuesta, es la  gratitud hacia quienes nos aman sin condiciones, y peor aún, conociéndonos. 

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