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¿Por qué nos metemos en camisa de once varas?Domingo, 8 de Mayo de 2016 01:29 a.m.
Será por necios, imprudentes o por… mejor ya no busco adjetivos; el caso es que no pocas veces nos da por tomar problemas que no son de nuestra incumbencia. Cuando esto sucede, solemos decir que nos metimos en camisa de once varas. Curiosa expresión que, para entenderla, hay que hacer un viaje a la España medieval y descubrir interesantes rasgos culturales ya desaparecidos.

La historia empieza con los rollos de tela que se medían en varas, antigua unidad de longitud (0.835 m). Los había de diferentes tamaños y los más largos eran de once varas (casi nueve metros). Por metáfora, el término ‘once varas’ se usó para referirse en forma exagerada a lo que se percibía como muy largo. Lo encontramos en otras locuciones ya desaparecidas, como las recogidas en 1627 por Gonzalo Correas en Vocabulario de refranes y frases proverbiales: “Piko de onze varas o tiene lengua de onze varas. Para dezir ke una es mui pikuda i parlera (muy habladora)”. ¡Ah! Ya me cayó el veinte, o sea que una camisa de once varas era, en sentido figurado, una camisa muy holgada.

Ahora la historia nos lleva a la ceremonia de adopción que se celebraba en la España antigua, consistía en simular el parto metiendo la adoptante la cabeza del adoptado por una manga muy ancha de su camisa y lo sacaba por la otra, luego le daba un beso y así quedaba legalmente reconocido como hijo. ¡Imagínese, cómo se habrá visto aquello!,  lo que sí, es que para este acto sin duda se necesitaba una camisa de once varas, más si el nuevo hijo ya estaba crecidito y rechonchito.

No sé a usted, pero a mí me pareció fascinante un texto anónimo del año 1344, donde se narra cómo doña Sancha Velázquez realizó esta ceremonia para adoptar a Mudarra González, que sería el vengador de sus hermanos, los siete infantes de Lara. Para los lectores curiosos, voy a reproducir el texto en castellano viejo con su respectiva traducción al castellano actual. A quien esto le resulte árido, puede saltarse hasta donde dice (Así, de esta ceremonia…):

“Cuenta la estoria que en otro dia por la mañana Caualgo el conde don garçi ferrnandes con muchas conpañas. Et fueron a casa de don Mudarra Gonçales & fueron con el fasta santa maria que era iglesia de burgos Et entonçe lo bautizaron & fue su padrino el conde & otros omes buenos. Et doña Sancha fue madrina & Resçibio por fijo commo manda el fuero de castilla. Entonçe lo tomo & metiolo por vna manga de vna falifa de açatron que tenja vestido & tirolo por la otra. Et el que antes auja nonbre Mudarra gonçales. Ca el non qujso quele qujtasen su nonbre. Et luego en esa ora
lo fizo  Cauallero”.

Traducción al castellano de hoy:

“Cuenta la historia que el otro día por la mañana, cabalgó el conde don García Fernández con mucha compañía. Y fueron a la casa de don Mudarra González y fueron con él hasta Santa María que era iglesia de Burgos. Y entonces lo bautizaron y fue su padrino el conde y otros hombres buenos. Y doña Sancha fue su madrina y lo recibió por hijo como manda el fuero de Castilla. Entonces lo tomó y lo metió por una manga de una camisa de seda que vestía y lo sacó por la otra. Y el que antes se llamaba Mudarra González no quiso que le quitasen su nombre. Y luego en ese momento se hizo caballero”.

Así, de esta ceremonia que simulaba el parto y legitimaba la adopción, se derivaron las expresiones coloquiales: “Éntrale por la manga y salírseos ha por el cabezón”; “Te parí por la manga de la camisa”  y “meterse en camisa de once varas”. Esta última es la que ha sobrevivido en
nuestro lenguaje.

Este viaje que ya termina, nos ha enseñado que “meterse en camisa de once varas”, en origen se refería a adoptar a alguien, tomando los problemas que esto implicaba, por decisión propia y no por necesidad. Por extensión, hoy lo decimos cuando alguien, por necedad, imprudencia o por… lo que usted quiera, hace suyos cualquier tipo de problemas que no le tocan.
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