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¿Por qué la paridad? Por: Luis Gerardo Treviño Fortaleza ciudadanaJueves, 1 de Octubre de 2020 00:00 a.m.

Ahora que mediante un acuerdo de la Comisión Estatal Electoral se ha ordenado que en las próximas contiendas electorales los partidos políticos tendrán que presentar la misma cantidad de candidatos hombres y mujeres para todos los cargos de elección popular, ya sean municipales o diputaciones, hecho que está provocando reacciones de quienes curiosamente debería de apoyar la medida, en el Congreso del estado resulta que la diputada panista Claudia Caballero se duele de esa disposición, en cuanto a que no fija reglas claras.

Recuerdo cierto día –en la legislatura anterior–, que estando en las mesas de trabajo para la reforma de la Ley Electoral, la diputada que ha pertenecido a más partidos, léase Karina Barron, insistía en este tema de la paridad y desde entonces vengo diciendo que no saben lo que piden y no representan adecuadamente a las mujeres, más adelante me explicaré. También ese día en público y delante de la gente les pedí que debíamos tener reglas clara para los procesos electorales, pues la verdad es muy lamentable que siendo los ciudadanos los que debemos decidir qué candidato sea ganador, resultemos siendo espectadores de las controversias judiciales y sean favorecidos en los cargos personas a las que no se les dio el voto mayoritario. Estos acuden a litigar en tribunales lo que no obtuvieron convenciendo al electorado. Al no tener reglas claras, entonces deberíamos obviar y dejar que directamente los magistrados electorales sean quienes decidan por todos nosotros. Siendo así, nos quitamos los procesos electorales, temporada de escuchar anuncios todo el día, además de las guerras sucias. Economía de tiempo, dinero y esfuerzo al final del caso.

El tema de paridad se impulsa desde 1996, cuando se pedía por cuotas desde 70/30 para luego ir creciendo, ahora ya consagrado en la Constitución Política como un derecho de las mujeres mexicanas. Pues bien, desde mi óptica esa idea de igualar es injusta para las mujeres pues las limita sólo al 50% cuando en muchos casos hay mujeres capaces y bien preparadas, además de muy honestas y trabajadoras. Estas son  las razones por las que creo que indebidamente se les pone un tope pudiendo presentar más mujeres como opciones a los cargos tanto de elección popular como de la administración pública, y sin duda las empresas privadas ya gozan de tener el talentos de mujeres muy brillantes.

Al respecto, también he escuchado la voz de profesionistas que se han preparado académicamente, que han desarrollado una carrera profesional, con mucho trabajo y esfuerzo, quienes me han confiado que para ellas es insultante que algunas compañeras pidan o exijan trabajo o posiciones en la vida política por el solo hecho de ser mujeres. Ellas piden y exigen que las posiciones se llenen por competencias y no sólo por paridad de sexos. También advierten que hay que tener cuidado de cómo se dicen las cosas pues, según lo que nos comentan, si se habla de género y hay grupos que dicen que existen muchos géneros –yo entiendo que son denominaciones– al rato hacer paridad con todos esos géneros sería muy complicado.

En suma, a estas alturas de la vida en México, y particularmente en Nuevo León, debemos considerar que nuestra sociedad se encuentra lista para recibir como titular del Ejecutivo del estado a una dama que tenga la experiencia en la conducción de situaciones de responsabilidades, con la sensibilidad, la convicción, la entereza, integridad y transparencia, así como la fortaleza física e intelectual. Que sea capaz de resolver desde un asunto de una familia hasta los temas más grandes del estado y poner a Nuevo León como ejemplo nacional y mundial, que pueda explicar en los foros más importantes a nivel internacional de qué estamos hechos y cómo solucionamos nuestros problemas. Que vivan las mujeres mexicanas, y más las de Nuevo León.

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