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¿Por qué Jesucristo se comunicaba con parábolas? Consejos para los candidatos de la oposición Por: Ignacio Gómez-Palacio La HormigaViernes, 19 de Febrero de 2021 02:00 a.m.

El Lenguaje (continuación)

Unas preguntas para pensar y respuestas que muchos de nuestros políticos no entienden: ¿Por qué Jesucristo se comunicaba con el pueblo mediante parábolas? La contestación es obvia. Porque quería que le entendieran. ¿Por qué relataba sucesos de cosas, personas y animales que les eran cercanos a la gente, como las parábolas del sembrador, de la oveja perdida, del buen samaritano, etc.? De nuevo, porque quería que le entendieran.

En la pasada Hormiga escribí sobre el problema de nuestros políticos de usar lenguaje inentendible para la mayoría de los electores. Sin pretender identificar lo que en el discurso político es forma y lo que es fondo, ya que bien sentenció Jesús Reyes Heroles al afirmar que "en política la forma es fondo", es indispensable que los candidatos, además de usar el lenguaje acostumbrado por la gente, expresen contenidos que también resulten entendibles.

Tomemos como ejemplo el caso de un candidato en zona rural. De poco le servirá criticar decisiones de la administración federal, como el Tren Maya o la refinería de Dos Bocas, si no lo aterriza con lo que conoce y vive el campesinado. Señalar que construir esta refinería es como sembrar sin escardar (remoción de yerba con azadón, machete o yunta) o peor aún sembrar maíz al voleo como si fuera cebada, y todo por no escuchar los consejos de los que saben; es muy diferente a referirse a los beneficios de las energías limpias, las obligaciones contraídas por México en el Tratado de Paris o las dificultades actuales de atraer turismo internacional. Tener auditorios llenos de mentes apagadas es fácil. Tan sólo se necesita hablar de la necesidad para la zona, de "concertar una planeación analítica estructural". En segundos se extingue la capacidad receptiva de quien se siente extranjero en su tierra.

Un campesino entenderá al político que indique que tal o cual acto de gobierno es como plantar en tierra con muchas piedras, escardar con pala de cuchara grande o cajetear después de la cosecha. Eso es lo que hizo Jesucristo, uno de los mejores políticos de todos los tiempos, al narrar la parábola del sembrador. ¿No sería bueno imitarlo?

Al candidato en zona rural le conviene conocer a detalle el proceso de la siembra, cosecha y venta del maíz, además de cultivos especializados de la zona (papaya, tomate, toronja, etc.). Lo mismo resulta aplicable al candidato en área urbana, por lo que toca a las maneras, giros idiomáticos, usos y costumbres de su distrito. 

A continuación se listan aspectos adicionales de relevancia, los que encajan en el propósito lícito y conveniente del candidato de darse a conocer:

1.     Llegar a tiempo y no hacer esperar a la gente.

2.     Hacer un discurso breve y repetirlo en cada ocasión, ante públicos diferentes. Repetir, repetir, repetir.

3.     Antes de hablar, identificar cuáles son los principales problemas del grupo al que se dirigirá.

4.     Enterarse con anterioridad, de la popularidad y aceptación entre el auditorio, de personas que lo acompañen en el estrado.

5.     Saber gastar y administrar el presupuesto asignado.

6.     Terminar su discurso antes de cansar a la gente.

La democracia es un sistema de gobierno que obliga a los candidatos a luchar, a sabiendas de que no es camino fácil. Ahí se esconden los tiranos que se valen de armas, ofensas y denuncias mal intencionadas. Quien decide intervenir en política se expone al escrutinio público que lo perseguirá, en especial si no busca el bien común de sus electores. Mal haría quien toma tal decisión por endiosamiento, vanidad o con la meta de incrementar su patrimonio. La actitud y mira de metas elevadas se nota en el discurso, igual que se nota lo contrario. Ser candidato implica intervenir en los intereses de otros y para beneficio de ellos. Por eso muchos no son políticos, ya que significa hacer propios los problemas ajenos. Si esto no se desea, lo mejor es continuar el camino del ciudadano ordinario que primero busca su interés personal y de manera secundaria y sin mayor esfuerzo, el interés de otros, lo que puede dejar de hacer en cualquier momento sin incumplir obligación alguna.

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