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¿Por qué ´desaparece´ el oro cuando bajan los precios? Por: Guillermo Barba Inteligencia Financiera GlobalLunes, 28 de Septiembre de 2020 00:00 a.m.

Esta semana se acentuó la caída del precio del oro. Dicha baja semanal se encuentra dentro de la fase de "corrección" que inició en agosto pasado tras haber alcanzado un nuevo precio récord en más de $2,000 dólares la onza.

Pero esta baja en el rey de los metales –así como la del peso mexicano– forma parte de una gran salida (venta) de los mercados por parte de los inversores. Esta estampida ha desplomado también a las bolsas de valores y activos de riesgo, en beneficio del dólar que sigue siendo visto como un "refugio seguro".

Pero, ¿qué está provocando estas ventas masivas de los inversionistas? El miedo a los rebrotes de Covid-19.

Una vez más, la baja del oro en el mercado internacional está provocando que "desaparezca" de la circulación.

Contrario al mito común de que el oro es valioso porque es escaso, la realidad es que el rey de los metales es en extremo abundante. De hecho, de todas las materias primas, es la que más existencias tiene respecto a lo que de ella se produce cada año. A esta razón se le conoce como la "ratio de existencias/flujo", que no es otra cosa que la proporción de oro disponible sobre la Tierra respecto a la producción minera.

Y es que a diferencia de las demás "commodities" (materias primas), el oro casi no se consume, y por lo tanto no se agota.

De este modo, para fines prácticos, cada onza que se extrae de las minas y se refina, pasa a acumularse como moneda, medalla, lingote o joyería.

Así que debido al gran aprecio que los humanos tenemos por la belleza y extraordinarias propiedades del oro –apreciación que por cierto es la responsable de que la mente humana le dé su elevado valor–, prácticamente cada onza que se ha minado a lo largo de la historia continúa estando disponible en alguna de las formas mencionadas.

Con inventarios crecientes cada año, la tendencia de la "ratio existencias/flujo" es siempre a crecer.

Ninguna otra materia prima, ni siquiera la plata, tiene esa característica. El oro sólo es dinero, y el dinero, no se consume ni se tira.

Todas las demás mercancías, en tanto que sí son consumidas, deben ser producidas de forma continua. ¿Qué pasaría si se dejara de producir petróleo, plata, gas, trigo o maíz? Habría una desastrosa escasez de ellas porque sus inventarios son limitados.

En cambio, si se dejara de producir oro, no ocurriría nada grave.

Los inventarios de oro existentes siempre son más que suficientes para satisfacer la demanda permanentemente insatisfecha que hay de él. Lo que varía, es el precio.

Aquí llegamos a la causa real de que el oro físico "desaparezca" de la circulación como está ocurriendo justo ahora.

Aunque haya siempre oro en abundancia, no lo hay a cualquier precio. Así que cuando los "precios teóricos" –esto es, los precios del mercado de futuros que todos vemos en las gráficas y que corresponden al "oro electrónico" o "de papel"– se desploman, no se consiguen barras, monedas ni lingotes a ningún precio cercado a aquél. Los tenedores del metal no están dispuestos a desprenderse de él a precio de remate.

Si a esto agregamos que en un país como México la divisa local se desploma frente al dólar, el oro en pesos casi no baja.

De agosto a la fecha, la onza de oro se ha mantenido por encima de los $40,000 pesos.

El centenario –que contiene 1.2 onzas del metal fino–, se ha mantenido en un rango entre los $54,000 y los $59,000 pesos. En otros países sucede lo mismo: las "águilas americanas" de oro y los "búfalos"; los "krugerrand" sudafricanos, los "soberanos" británicos, las "hojas de maple" canadienses, etc., se venden con sobreprecios entre 10% y 20 por ciento. Ese, es el precio real, del oro real: el físico.

En suma: el precio "teórico" del oro podrá estar bajando, pero sus fundamentos alcistas son más sólidos que nunca a causa de una burbuja de deuda e inyección de dinero sin respaldo como nunca en la historia, y en los próximos años, los precios de hoy nos parecerán una ganga que no debimos dejar pasar. Protegernos a tiempo de lo peor de la tormenta económica que está por venir, es responsabilidad de todos.

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