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¿Por qué decimos´echar de menos´?Domingo, 27 de Julio de 2014 01:03 a.m.
Hay un pequeño pueblo español que se dibuja en la región extremeña. Su tierra se baña con el agua de cristalinos arroyos y se pinta con el verde de alcornoques, encinos y matorrales. Por el año 1950, lo habitaban poco más de 3,000 personas.

Pero, por la migración hacia las grandes ciudades, hoy no llegan a un millar los que ahí quedan.

Basta una escuela en ese pueblo para enseñar las primeras letras a los pocos niños que hay. En un salón de esta escuela, sucedió un día que una maestra, tras unos días de vacaciones, hizo saber a sus alumnos que los había echado de menos. "¿Qué es echar de menos?", preguntó un pequeño, "extrañar", dijo la maestra; pero la curiosidad de los niños es infinita y otro preguntó "¿y por qué se dice así?"… Al no encontrar respuesta, Mara Cristóbal –tal nombre lleva la maestra– y sus pupilos, lanzaron la pregunta al ciberespacio. Así, cual botella echada al mar, su curiosidad cruzó la Península Ibérica, atravesó el Atlántico, brincó la Sierra Madre y se posó suavemente en un rincón de Monterrey, en México. Sí, se posó en mi computadora.

Ya mis andanzas por los callejones del lenguaje me habían llevado a esa historia y no dudé en compartirla con aquella maestra y aquellos niños. Les dije que en la expresión echar de menos, el verbo echar se "coló" por una confusión. En realidad, en su origen, la locución es de los portugueses y ellos dicen "achar menos", donde achar es el verbo hallar. El sentido implícito es "sentir la falta de…". Al pasar al castellano, debió traducirse literalmente como hallar menos; pero, el oído popular, confundió achar con echar y así nació la expresión castellana echar menos, que así se usó primero. De esto abundan ejemplos en textos del siglo XVI. Por ejemplo, en "Historia general y natural de las Indias", de Fernández de Oviedo (1535) en una parte dice: "Se echó a nado por el río abajo a aguardar allá las canoas desviado, e los indios de los ranchos, como lo echaron menos, lo anduvieron a buscar, y él los vía desde donde estaba escondido".

Otra forma que usó el castellano viejo fue echar harto menos. Así lo empleó en 1573, Santa Teresa de Jesús en su Libro de las fundaciones, donde se lee: "Cinco años después de la fundación de San José de Ávila estuve en él, que, a lo que ahora entiendo, me parece serán los más descansados de mi vida, cuyo sosiego y quietud echa harto menos muchas veces mi alma".

Sería hasta el siglo XVIII cuando la expresión tomaría la forma echar de menos, como ahora la usamos. Un detalle curioso es que, en la región gallega, cuya lengua está emparentada con la portuguesa, hubiera sido más natural que tomaran la expresión achar menos; pero, por esos caprichos del lenguaje, les llegó de rebote la adaptación castellana y ahora ellos dicen: botar de menos.

De un pequeño poblado español, llegó un mensaje: "Arturo, no esperábamos, mis alumnos y yo, que la respuesta llegara de tan lejos. Ha sido muy interesante la historia que nos contaste. Los niños te envían saludos y agradecimiento. Ahora, cuentan en sus casas, que ya tienen un amigo en Méjico".

En verdad, tampoco yo esperaba poder compartir con una maestra y un grupo de niños de una región rural de España, la curiosidad de saber por qué decimos lo que decimos. Ahora, yo también digo que tengo amigos en ese pequeño pueblo, y, aunque tal vez nunca los llegue a ver: pienso en ellos, me los imagino y por qué no decirlo… hasta los echo harto menos.

cayoelveinte@hotmail.com
Twitter: @harktos

ARTURO ORTEGA MORÁN:   Investigador en asuntos del lenguaje. Escritor, columnista y conductor   de radio. Tiene obsesión por arrancarle secretos a las palabras para   luego ir con el chisme.
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