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Política y Dios Por: Yanill Brancaccio Olmos La JirafaMartes, 20 de Octubre de 2020 00:00 a.m.

Afirma un clásico que "cuando la sociedad abandona a Dios, la que termina perdiendo más es la sociedad".

Lo anterior viene debido a la difusión de dos temas que están sobre la mesa: 1) La elección en Estados Unidos y 2) la participación de alguna asociación religiosa que se erige como partido político mexicano.

En efecto, resulta que durante ese acto de campaña se han venido realizando también varios actos sutilmente religiosos: Tanto Trump como Biden han asistido abiertamente a los servicios religiosos que acostumbran, han rezado públicamente y el dicho presidente ha jurado que defenderá "con la ayuda de Dios" al pueblo norteamericano.

Sabemos, además, que el famoso billete verde tiene una leyenda muy claridosa: In God we trust; además de que no ha habido –por lo menos en mi memoria reciente– mandatario estadounidense que no haya acudido a la frase God bless America en momentos tanto de júbilo como de crisis.

¿Qué sucede en nuestro laico país?

Resulta políticamente incorrecto que a nuestros servidores públicos se le ocurra realizar algún acto religioso alrededor de sus actos políticos: recordemos que cuando Fox se dirigía a su toma de protesta hizo una escala técnica en la Basílica de Guadalupe, la prensa y el pueblo mismo se le fue encima... para bien y para mal. 

Sin embargo, hoy ya no nos hace "ruido" que el presidente de la República casi casi "pontifique" desde su "asamblea" mañanera citando tanto a la Biblia como al Papa.

Lo que le lleva a esta Jirafa a la reflexión es lo siguiente: México es un país profundamente religioso –pocos se atreverían a decir que son 100% ateos–. Es más, ser ateo (incluso en Latinoamérica) es visto más como snob que como una postura arraigada y sustentable. Además de que podemos no ser católicos, pero sí guadalupanos.

En fin, negar la relación profunda que tiene el hombre con Dios (la religiosidad) es negar la naturaleza misma de la persona.

1. Somos, además de animales racionales (zoon logon) y animales políticos-sociales (zoon politikon), animales teológicos (zoon theologon), esto es, nuestra racionalidad nos lleva a afirmar la vida en sociedad y ambas nos deberían llevar de manera natural (si no ponemos obstáculos) a concluir que somos seres religiosos... ni el perro, ni la ballena o cualquier otro animal es susceptible de esta acción.

2. Así las cosas, ¿por qué negar esta dimensión en nuestros actos políticos (ahora pretendo ampliar el acto político a cualquier acto social)?

No se trata de estar con el Jesús, el Jehová o el Hare Krishna en la boca, sino más bien de entender que en cualquier circunstancia, en cualquier acontecimiento humano, esa relación (hombre–Dios) está presente. Es darnos cuenta que nuestro ser y hacer con los demás refleja mucho nuestro ser y hacer con Dios o como quiera llamársele.

Y que en la medida en que tengamos claridad de nuestros alcances y límites, en esa medida seremos capaces de ver en el otro al próximo (dejemos que la "x" suene como "j") y seremos nosotros mismos los beneficiados. De ahí la necesidad de no abandonar a Dios o a la concepción que de esta realidad tengamos en nuestros actos políticos: unos interrumpirán su día para hacer alguna oración mirando a la Meca o alguna imagen. Otros haciendo lo mejor posible cada una de sus actividades y otros más practicando la solidaridad, filantropía o la caridad. Entre líneas se escucha la palabra TRASCENDENCIA.

No nos vaya a pasar como aquel que afirmaba que su religiosidad y su vida social estaban íntimamente relacionadas, pues no había bautismo, XV años, boda o acontecimiento similar al que faltara sin haber acompañado antes –cual debe de ser– al o los festejados a su Misa.

Esta Jirafa teológica seguirá atenta.

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